Con la corresponsal de RFI en Damasco, Manon Chapelain
Se trata de una enorme fosa de la que se están extrayendo metódicamente los restos óseos. La excavación comenzó hace una semana, casi trece años después de que unos cuarenta civiles fueran ejecutados allí. Ese día, desaparecieron veintisiete miembros de la familia de Abu Ahmad. Ahora espera que se haga justicia. “Cuando volvimos a casa, el salón estaba lleno de sangre. Ya no quedaba nadie”, recuerda Moussa.
Para él, el juicio que comienza este domingo representa un paso fundamental hacia la justicia transicional. “¡No ha habido una sola masacre, han sido muchas! ¿Qué se merecen estos criminales? Esperamos respuestas”, explica a RFI.
Mustafá, por su parte, es de Deraa, cuna de la revolución de 2011. El oficial Atef Najib, antiguo responsable de seguridad de Deraa, se ha convertido allí en un símbolo de la represión. “Lo que hizo en Deraa, ni siquiera un animal se lo haría a unos niños”, denuncia.
Acusado, entre otras cosas, de haber ordenado torturar a adolescentes por corear consignas contra Asad en 2011, se enfrenta a la pena de muerte. “Él y el régimen nos obligaban a pensar que Bashar al Asad era nuestro dios todo este tiempo. Que nos digan, ¿dónde está hoy Bashar al Asad?”, pregunta.
Hoy, Bashar al Asad también estará entre los acusados, pero será juzgado en rebeldía porque se encuentra exiliado en Rusia.
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