Casi seis millones de portugueses acudieron a las urnas este domingo para elegir al nuevo presidente de Portugal, sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, que tomará posesión el próximo 9 de marzo. Es la primera vez desde 1986 que la primera vuelta de las elecciones presidenciales termina en balotaje en Portugal.
La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Portugal estuvo marcada por una elevada participación electoral.
"Los resultados de estas elecciones confirman una transformación estructural del sistema político portugués: un espacio partidario hoy claramente más fragmentado y polarizado", dijo a RFI Luca Manucci, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.
En su discurso tras la victoria en la primera vuelta, el socialista José Antonio Seguro afirmó que regresó para unir al país. "Jamás seré el presidente de una parte de los portugueses contra otra", subrayó. El candidato invitó a “todos los humanistas y progresistas” a sumarse a su proyecto para “derrotar el extremismo” y a quienes siembran el odio.
Por su parte, el líder de Chega, el ultraderechista André Ventura sostuvo que la derecha había ganado las elecciones, ya que los candidatos de ese espectro político que concurrieron en la primera vuelta reunieron más apoyos. "Ahora es necesario sumar y unir esfuerzos para evitar a un socialista en Belém", declaró. El Palacio de Belém es la sede de la Presidencia de la República en Lisboa.
Transformación estructural
Para el investigador Luca Manucci, del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa y especialista en populismo y extrema derecha, "los resultados de estas elecciones confirman una transformación estructural del sistema político portugués. El hecho de que vuelva a ser necesaria una segunda vuelta es, por sí solo, un indicador de ese cambio. Este proceso se produce en un contexto en el que la izquierda radical aparece aún más debilitada, perdiendo capacidad para estructurar el debate político. El escenario que se perfila remite directamente a las elecciones presidenciales francesas, en las que durante décadas la extrema derecha ha llegado sistemáticamente a la segunda vuelta para ser derrotada por un cordón sanitario movilizado en torno al candidato adversario", señala Manucci.
"Es plausible que André Ventura enfrente una dinámica similar y sea derrotado por una convergencia de fuerzas moderadas, como ha ocurrido con Jean-Marie y Marine Le Pen en Francia. Aun así, el recorrido de Ventura es políticamente revelador: un político de estilo "bolsonarista", ausente del panorama político nacional hasta 2019, que en pocos años logró reconfigurar el debate público. La rapidez con la que la política portuguesa se "normalizó" según patrones globales de éxito de la derecha radical —rompiendo con la idea del excepcionalismo portugués— resulta, en ese sentido, particularmente notable", subraya.
Casi un tercio de los portugueses dejó para la última semana la decisión de su voto, en las elecciones más reñidas de los últimos tiempos en el país. La tasa de abstención en las presidenciales fue del 47%, la más baja de los últimos quince años. Es la primera vez que Portugal elige a un presidente perteneciente a una generación que no vivió el 25 de Abril de 1974, fecha que marca el inicio de la vida democrática en el país tras cuatro décadas de dictadura.
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