RFI: Boris Nadezhdin, usted llegó hace dos semanas en París tras huir de Rusia. Como figura de la oposición rusa, fue incluido en la lista de "agentes extranjeros". ¿Por qué decidió abandonar Rusia?

Me involucré en la campaña para las elecciones legislativas de septiembre. Era candidato y empecé a recibir un apoyo muy importante. Me pronuncié a favor de la paz y la libertad, y en contra de la política llevada a cabo por Vladimir Putin y las autoridades rusas. A medida que aumentaba mi popularidad, cada vez más personas firmaban la petición de apoyo a mi candidatura.

El 10 de julio, el Ministerio de Justicia me declaró "agente extranjero". En Rusia, ese estatus hace prácticamente imposible cualquier actividad política. Mi único delito fue haber criticado la política de Putin y haber concedido entrevistas a medios extranjeros.

Más tarde fui detenido por la policía y llevado ante un tribunal. Las autoridades querían arrestarme. Hasta donde sé, algo así no había ocurrido antes con un candidato a las elecciones legislativas y presidenciales. El caso provocó una gran indignación, incluso en el extranjero. Finalmente, el juicio fue aplazado, no fui encarcelado y recibí una multa.

RFI: ¿Permanecer en Rusia se había vuelto demasiado peligroso para usted?

Sí, absolutamente. Cuando la policía me detuvo, los agentes me lo dijeron claramente. Me llevaron a la comisaría para redactar un acta antes de presentarme ante el tribunal, donde debía quedar bajo custodia.

La polémica generada por el caso retrasó el proceso. Pero cuando recibí una citación del Comité de Investigación, quedó claro que mi arresto era cuestión de días, o incluso de horas. Estaba convencido de que acabaría en prisión. En esas circunstancias, consideré que era mejor ser libre en el extranjero que estar encarcelado en mi propio país.

RFI: Usted comenzó su carrera política en los años noventa. Intentó presentarse a las elecciones presidenciales de 2024 y durante mucho tiempo fue una de las voces críticas de Vladimir Putin. ¿Cómo explica que hasta ahora fuera posible criticarlo y que hoy ya no lo sea? 

Durante más de treinta años de vida política, desde mi elección como diputado en 1990, sabía dónde estaban las líneas rojas que no podían cruzarse si uno quería seguir siendo libre y continuar haciendo política en Rusia.

Había esencialmente dos límites: se podía criticar la política de Putin, pero no a Putin en persona, y bajo ninguna circunstancia se debía recibir apoyo directo del extranjero, ya fuera financiero o político.

Nunca crucé esas líneas. Cuando me presenté a las elecciones presidenciales, criticaba la política de Putin y exigía el fin de la guerra. En aquel momento, eso todavía era posible. Es cierto que me impidieron participar en los comicios, pero no sufrí una represión importante.

Hoy la situación ha cambiado radicalmente. Las autoridades han intentado claramente apartarme de la vida política y privarme de mi libertad. Lo mismo puede observarse con el partido Yábloko, que actualmente se enfrenta a procedimientos destinados a excluirlo de las elecciones.

En la Rusia de hoy es prácticamente imposible participar en unas elecciones y, al mismo tiempo, manifestarse contra la guerra. Esa es una línea roja que no existía hace apenas dos años.

RFI: ¿Eso significa que, en su opinión, el régimen se ha vuelto cada vez más autoritario?

Sin duda. El régimen tolera cada vez menos la más mínima crítica y las medidas contra los opositores se endurecen constantemente.

RFI: ¿Qué piensa hoy de la guerra en Ucrania?

Me he opuesto a esa guerra desde el primer día. Desde que comenzó el conflicto me pronuncié a favor de ponerle fin. En 2024, cuando me presentaba a las elecciones presidenciales, tenía que medir cada una de mis palabras para conservar la libertad, porque muchas personas estaban siendo encarceladas por criticar la guerra. Finalmente encontré una fórmula que resumía exactamente mi pensamiento: "Fue un error fatal de Putin". Eso es lo que pensaba entonces y es lo que sigo pensando hoy.

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