El redactor jefe de Nóvaya Gazeta, Serguéi Sokolov, anunció en un video en YouTube la muerte de su periódico: “Perdónenme, estoy muy emocionado. Lo que voy a contarles es, para mí, una historia profundamente personal y dramática. Han matado a Nóvaya Gazeta. Nóvaya Gazeta deja de existir. El 9 de noviembre apagaremos las luces de nuestra casa —donde hemos vivido durante 30 años—, desconectaremos los servidores y nos marcharemos. El periódico ya no existe. Las autoridades rusas, los servicios secretos rusos, han obligado a la redacción a poner fin a sus actividades”.
Sin sede ni financiación
Así pues, el periódico echará el cierre el 9 de noviembre. En un comunicado, la redacción afirma haber recibido una orden de desalojo que le exige abandonar su histórica sede en Moscú. Sin oficinas y también sin dinero, ya que se ha bloqueado el sistema que le permitía recibir donaciones. “Treinta años de una vida compartida con el país y sus ciudadanos están a punto de terminar, dejándonos en la calle, sin medios de subsistencia, bajo la amenaza constante de la represión”, lamenta la redacción.
Por su parte, el redactor jefe, Serguéi Sokolov, acusó al Kremlin de haber “aniquilado” los derechos humanos en Rusia, cuya defensa “ahora se equipara a un delito”. “Las elecciones y los órganos electos han sido, de facto, suprimidos. Las instituciones de la sociedad civil han sido desmanteladas”, enumera.
Una estricta censura desde 2022
Nóvaya Gazeta lleva mucho tiempo en el punto de mira de Vladimir Putin, especialmente desde el inicio de la guerra en Ucrania. En marzo de 2022, el periódico, que llegaba a los quioscos tres veces por semana, optó por suspender temporalmente todas sus publicaciones. Algunos periodistas se habían exiliado en Europa y habían puesto en marcha un nuevo medio desde el extranjero, Nóvaya Gazeta Europa, declarado “organización indeseable” y prohibido en Rusia. Sin embargo, el equipo que permaneció en Moscú siguió publicando en otros formatos: en internet, pero también con una edición impresa de menos de 1.000 ejemplares, lo que le evitaba tener que registrarse como medio de comunicación.
Pero la represión se ha intensificado en los últimos meses. En abril, la redacción fue registrada y un periodista fue detenido. En septiembre, el periódico fue incluido en la lista de “agentes extranjeros”. El 15 de octubre, el redactor jefe, Serguéi Sokolov, fue detenido y la policía registró su domicilio, en el marco de una causa penal contra uno de sus colegas, Oleg Rolduguin, detenido en abril y bajo arresto domiciliario a la espera de juicio.
Más de treinta años de resistencia
Nóvaya Gazeta era sinónimo de esperanza y resistencia en Rusia. Fundado en 1993 con el apoyo del último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, el periódico abordó todos los temas delicados del país: los crímenes del Ejército ruso, la corrupción de las élites, el grupo Wagner y la represión de los homosexuales en Chechenia. El diario pagó un alto precio por este compromiso: seis de sus periodistas o colaboradores han sido asesinados desde su creación, entre ellos Anna Politkóvskaya, que documentaba los crímenes de guerra en Chechenia y cuyo asesinato a tiros en Moscú el periódico acaba de conmemorar, veinte años después.
Serguéi Sokolov anunció que Nóvaya Gazeta publicará un “último número” antes de su desaparición.
Compartir esta nota