La Organización de Estados Americanos (OEA) abrió una sesión extraordinaria en Washington para debatir la situación política en Nicaragua, país gobernado con mano de hierro por Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. El presidente de la reunión, el ministro de Exteriores de Paraguay, Ramírez Lezcano, inauguró el encuentro subrayando la responsabilidad del organismo hemisférico:
«La OEA, como una organización pionera del multilateralismo, no puede ser ajena a ninguna situación que atente contra la democracia en un país de nuestro hemisferio. Tampoco podemos ser ajenos a la situación extrema que vive la mayoría de los nicaragüenses, que se ven privados de sus más elementales derechos políticos y humanos».
Al término de los debates, los 32 miembros de la organización decidieron por unanimidad abrir negociaciones con Nicaragua. Una decisión celebrada por la oposición nicaragüense en el exilio. Dora María Téllez, figura histórica de la revolución sandinista que llevó a Ortega al poder y hoy refugiada tras denunciar los abusos del gobierno, valoró así el resultado de la reunión:
«Yo creo que es una decisión sin precedentes, en la que hay unanimidad total. Yo creo que es un gran éxito. Un golpe rotundo a la dictadura de Nicaragua».
Aunque la OEA no dispone de mecanismo para aplicar sanciones colectivas contra Managua, Téllez confía en que este paso abra la vía a una mayor presión internacional sobre el régimen.
«Esa demanda de libertades tiene también una condición, que es que va a haber un periodo en el que la OEA va a verificar qué es lo que ha pasado. Organizan una comisión que debería buscar un diálogo con el régimen de Nicaragua. Si el gobierno no acepta ese diálogo, habría una nueva reunión de cancilleres para definir medidas mucho más severas».
La declaración unánime de los países miembros precisa que se «busca un diálogo rápido y directo con las autoridades nicaragüenses y una visita al país». Para Téllez, sin embargo, el contexto internacional complica la búsqueda de una salida democrática:
«El tema de China y Rusia es delicado. En el caso de Rusia, más delicado aún: se trata de un tema geoestratégico, los rusos tienen una instalación de inteligencia en Nicaragua. Y los chinos acaban de montar un gran sistema de espionaje a la ciudadanía».
La resolución aprobada por la OEA establece que en un plazo de 60 días se definirán acciones de presión diplomática «que excluyan el uso de la fuerza y sean compatibles con el derecho internacional».
Mientras tanto, los nicaragüenses exiliados observan con inquietud la situación migratoria de su comunidad en Estados Unidos.
«La voluntad expresa de la administración Trump de deportar nicaragüenses. Hay por lo menos 180.000 personas que tienen ya órdenes de deportación en EEUU», denuncia Téllez.
Según la organización Human Rights Watch, ocho disidentes nicaragüenses podrían ser deportados de Estados Unidos tras haber recibido refugio años atrás, y se enfrentarían a graves riesgos de persecución o tortura en su país de origen.
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