Durante esta ola de calor que asfixia a los franceses, también se han registrado temperaturas récord para esta época del año en la costa atlántica francesa y en el mar Mediterráneo. Lo que ocurre en la superficie del océano es un reflejo del calor que hay actualmente en el aire, resume Thibault Guinaldo, especialista en olas de calor marinas del Centro Nacional de Meteorología.
"Depende de cada lugar, pero la anomalía puede llegar hasta los cinco grados", explica Thibault Guinaldo. "Puede parecer poco en comparación con la atmósfera, pero, en definitiva, una anomalía de cinco grados en un agua que, a lo largo del año, varía aproximadamente diez grados, es enorme", añade.

Consecuencias para los peces, los arrecifes y la brisa marina
Cinco grados más suponen un efecto devastador para el fitoplancton, que constituye la base de la cadena alimentaria. Todos los peces y, por consiguiente, la pesca, se ven afectados.
Estas temperaturas también son devastadoras para los arrecifes de coral y las praderas marinas. Y para los seres humanos que viven en la costa, esto significa, sobre todo, menos brisas nocturnas refrescantes.
"Cuando se producen olas de calor marinas, la diferencia de temperatura entre el océano y el continente impide que se formen brisas marinas", continúa Thibault Guinaldo. "Por lo tanto, tendremos brisas más débiles o que incluso desaparecerán, y que ya no cumplirán su función de climatización", explica.
Y esta ola de calor marino se abate sobre un océano que ya está sobrecalentado debido a nuestro uso del gas, el carbón y el petróleo, ya que el océano absorbe aproximadamente el 90 % del exceso de calor que hemos provocado con nuestras emisiones de carbono.
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