Latinoamericanista de referencia, Alain Rouquié conoce la región como la palma de su mano. Embajador de Francia en México, Brasil y el Salvador, así como jefe de las Américas del Ministerio de Relaciones exteriores francés, el autor de 'Las derivas de un continente, Latinoamérica y el Occidente' (Métaillé 2025) lleva décadas observando las dinámicas de la región y sobre todo su "diversificación", tras décadas de influencia estadounidense.
Después de un primer mandato lleno de "desprecio" por la región, Trump II y su reescritura de la teoría Monroe le dan un sacudón a las relaciones de poder empezando por la intervención estadounidense en Venezuela. Pero el resultado podría ser todo lo contrario de lo que espera Washington con su intento de "reconquista", fomentando un mayor acercamiento con China.
"Cada vez que Trump y su administración toman medidas de fuerza contra un país, este país se acerca a China. La India era un país amigo de Estados Unidos. Pero porque compró hidrocarburos a Rusia, Estados Unidos le impuso un derecho de aduana muy elevado. Poco después, el primer ministro Modi, estaba en Pekín. Así que ese tipo de medidas puede hacer pensar a algunos líderes latinoamericanos que hay que estar tranquilos. Pero la presión de la opinión pública va decir lo contrario: no aceptar una nueva era de dominación total de Estados Unidos. Eso ya pasó", analiza Rouquié.
China aprovechó el vacío
Mientras que Estados Unidos tergiversaba sobre su postura latinoamericana sin, por supuesto, sin darle totalmente la espalda, China cobraba terreno: "Se vuelve a partir de 2008 o 2009, el primer socio comercial y económico de América del Sur. […] China y América Latina tienen economías complementarias. China compra materias primas de todo tipo agrícola, minero, etcétera e invierte en la infraestructura necesaria para comercializar toda esa materia prima. El boom de las materias primas, que fue un momento de prosperidad entre 2003 y 2013, es China que lo estimuló".
China es el primer socio comercial de Perú, así como ocho países más de la región. Brasil vende a China 60% de su mineral de hierro y 70% de su soja, Uruguay exporta 60 % de su carne bovina, por ejemplo. Pero China no es el primer inversor. Estados Unidos y Europa siguen ocupando esta posición.
Además de esos lazos económicos, que se confirman con la prolongación de la ruta de la seda hasta Latinoamérica, China ha desplegado toda una política de influencia con una visión calara. Visión que se materializa en una hoja específicamente redactada para una zona geográfica sumamente estratégica.
Las infraestructuras "a doble uso"
¿Pero los objetivos militares pueden sumarse a los económicos? "De momento no se ve ningún objetivo militar, pero cualquier puerto civil comercial puede volverse un puerto militar. En la provincia de Neuquén, en Argentina, China tiene una instalación de seguimiento espacial. Bueno, los americanos mandaron a una general que se quejó con Milei. ¿Qué pasó? No pasó nada. La base sigue ahí. Y se hizo la pregunta a la ministra de de Relaciones Exteriores. '¿Son civiles o militares?' Bueno, Milei respondió de manera un poco racista: 'Cuando se trata de los chinos, que sean civiles o militares, no me doy cuenta de la diferencia.' Eso significaba que la presión de Estados Unidos resultó en nada."
La base china en la Patagonia se instaló durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Tiene control militar chino y cesión de tierras por 50 años. Pero si hablamos de infraestructuras, la más impresionante es probablemente la del reciente puerto de Chancay en Perú.
Es la nueva entrada de China a América Latina, una estructura millonaria con financiación china, que es lejos de ser la única del país ya en expansión, que "con la política actual de Estados Unidos puede ser una zona de tensión. Pero por ahora, el proyecto de China, a partir de Shanghái, es lanzar unas vías de ferrocarril y de autopista hacia el Atlántico y permitir así a los países del lado del Atlántico, como Brasil, llegar más fácilmente a China. Es siempre el comercio."
El precio de la "reconquista" estadounidense
Ante esta interpenetración la pregunta, que se plantea es si Estados Unidos puede barrer realmente con la presencia de su rival asiático: "Siendo el gobierno de Estados Unidos adverso a cualquier tipo de permanencia de soldados americanos en suelo extranjero me parece un poco extraño expulsar a China. ¿Cómo destejer estos lazos comerciales que ya llevan más de veinte años? Parece muy complicado en este mundo intercomunicado."
"Es cierto que la intervención en Venezuela era un mensaje a China y un mensaje a los latinoamericanos", recuerda el exembajador pero si analizamos de cerca la estructura de las cadenas de producción parece poco probable. Un ejemplo muy elocuente es el de la soja. Estados Unidos no le compraría este producto a Brasil porque ya lo produce en Estados que votan MAGA a favor de Trump.
"No se puede volver a 1823, el mundo ha cambiado mucho y Latinoamérica ya no es la misma que en el sigo XIX", concluye.
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Un programa coordinado por Julia Courtois.realizado por Souheil Khedir y David Brockway.
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