El día de la catástrofe, Deepak Koirala, periodista nepalí, se encontraba en Katmandú. No fue hasta el día siguiente cuando regresó a su región, el distrito de Dhading, y comprobó la magnitud de los daños. “Me desplacé a la zona afectada. Veintinueve de mis vecinos iban de camino a Gosaikunda, un lugar de peregrinación muy popular. Habían ido allí a rezar. Fue allí donde les sorprendió esa inmensa riada. Desde entonces, no sabemos nada de ellos, todos han desaparecido”, cuenta Deepak a RFI.
Aunque el periodista sigue escribiendo algunos artículos y relatando la catástrofe para las televisiones y radios locales, también ayuda como puede en su región. “Mi misión es buscar los cuerpos de mis vecinos desaparecidos. Colaboro con la policía y el Gobierno para localizar sus restos”, explica. “Y también participo en las operaciones de ayuda en mi región. Enviamos material, comida, ropa y equipamiento. Recogemos todo lo que podemos, porque los daños son considerables. Se han destruido una veintena de puentes y han desaparecido cerca de 40 kilómetros de carreteras”.
Estos destrozos complican aún más la llegada de la ayuda y los servicios de rescate. Con las carreteras y los puentes arrasados, sigue siendo difícil, o incluso imposible, llegar a algunas zonas.
Lentitud en la llegada de la ayuda
La catástrofe del 26 de agosto está poniendo a prueba los recursos del Gobierno nepalí y parte de la opinión pública se está impacientando, según indica nuestro enviado especial en Katmandú, Emmanuel Derville.
En la localidad de Trishuli, algunas familias han encontrado refugio en colegios y sufren por la lentitud de los socorros. La localidad solo está conectada con el exterior mediante una o dos pistas estrechas y embarradas, en las que los vehículos todoterreno se atascan a causa de la lluvia. A veces se tarda cuatro horas en recorrer unas pocas decenas de kilómetros.
A los nepalíes les molesta ver a los ministros desplazarse en helicóptero a las zonas afectadas, mientras que el ejército carece de aparatos. Según la prensa local, dos de ellos estarían retenidos en la India para su revisión, y las autoridades no han solicitado ningún refuerzo.
Sin embargo, países vecinos como China y Pakistán cuentan con helicópteros pesados. El ejército indio dispone de 15 Chinooks estadounidenses capaces de transportar once toneladas de material. Mientras tanto, los damnificados necesitan suministros. La escasez de medicamentos, agua y alimentos empieza a hacerse notar.
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