Por Sophiane Amazian

La grave crisis migratoria en el enclave español de Ceuta, al norte de Marruecos, donde más de 70.000 personas intentaron cruzar la frontera terrestre y marítima en julio, ha marcado el ritmo de la breve campaña para las próximas elecciones legislativas. Según Mehdi Alioua, sociólogo de la Universidad Internacional de Rabat, “no existe realmente un debate sobre las cuestiones migratorias y, por extensión, sobre lo ocurrido en Ceuta”. En su opinión, existe una “reafirmación por parte de algunos partidos tradicionales de su apego a Ceuta y Melilla. En el fondo, las promesas electorales se basan en cuestiones que no están completamente desarrolladas ni cuantificadas”.

Aunque los partidos políticos marroquíes intentan hacer campaña con programas detallados, el sociólogo lamenta, no obstante, su falta de identidad. “En mi opinión, la mayoría de los marroquíes no conoce los programas de los partidos”, afirma Mehdi Alioua.

“A los partidos políticos se les han acabado las ideas”

A esto hay que añadir las duras críticas sobre la gestión de crisis graves, como la del terremoto de septiembre de 2023 en el oeste y el centro del país… Tres años después, más de 3.000 familias afectadas siguen sin recibir ayuda del Estado, según datos de la Coordinación Nacional de Víctimas del Terremoto de Al-Haouz. “Las personas afectadas rechazan al Gobierno, pero también en general a todas las autoridades. De hecho, otros partidos se aprovechan de ello para desacreditar a la coalición”, añade Mehdi Alioua.

Las llamadas cuestiones sociales están muy presentes en esta campaña. Pero lo que predomina “es la desconfianza de los marroquíes hacia la clase política actual”, que se debe, según el experto, “a la incapacidad de la sociedad civil marroquí para ejercer un contrapoder que obligue al Gobierno a estar a la altura de las ambiciones del pueblo”.

Para Meryem Belhoussine, doctora en Ciencias Políticas, aunque los partidos compartan las mismas constataciones en sus programas, “lo que a veces falta en los discursos electorales es la articulación entre las promesas y los mecanismos de aplicación”.

Aunque, según Mehdi Alioua, las cuestiones sociales podrían haberse destacado más, los distintos partidos en liza centran su campaña en temas bien conocidos: la educación, el derecho laboral, la agricultura y el medio rural, o incluso el desarrollo territorial. “A los partidos políticos se les han acabado las ideas”, señala el sociólogo.

Tras sufrir una dura derrota en las últimas elecciones, celebradas en 2021, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, una formación islamista, fomenta el voto de castigo e intenta sacar partido de la actual fractura social. Aunque se prevé que las tres antiguas formaciones de la coalición, que no se andan con rodeos a la hora de hacer un balance crítico de sus antiguos socios, vuelvan a obtener un gran apoyo, el PJD podría recuperar un lugar destacado en el panorama político este 23 de septiembre.

“Es difícil pronunciarse y saber quién va a ganar estas elecciones; los tres grandes partidos son favoritos [PAM, RNI e Istiqlal, nota del editor], pero mientras no tengamos cifras, hay que ser prudentes”, precisa Meryem Belhoussine. Y añade: “Dudo que se pueda volver a formar una coalición entre estos tres movimientos”.

Una tasa de desempleo récord entre los jóvenes de 15 a 24 años

Como suele ocurrir, la participación de los jóvenes será un dato clave que habrá que analizar justo después de las elecciones legislativas. Este año vuelve a predominar la abstención, lamenta Mehdi Alioua, quien prevé una baja participación, sobre todo debido al desempleo masivo. “Estos jóvenes no están integrados en las dinámicas sociopolíticas a través del trabajo; los jóvenes se abstienen, pero eso no es nada nuevo”, matiza.

En cifras, el grupo de edad de 18 a 24 años, que equivale al 12% de la población, solo representa el 3% de los inscritos en el censo electoral. Además, mientras que Marruecos registró un crecimiento de casi el 5% en 2025, según las cifras publicadas por la Alta Comisaría de Planificación, la tasa de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años rozó el 30% en el segundo trimestre de 2026.

El desánimo de la juventud marroquí también se explica por el deterioro de las condiciones de vida de una parte de la población. “Existe un Marruecos de varias velocidades, con personas que quedan excluidas del crecimiento económico. Los partidos políticos, aunque se dirijan a ellos, no ofrecen ninguna solución. Por el momento, lo que hay sobre la mesa son medidas para el futuro. No hay ningún plan de emergencia, de ahí el rechazo de la población”, analiza el sociólogo.

Este sentimiento se materializó en septiembre de 2025 con el movimiento de la Generación Z, que surgió en las redes sociales. Entre las principales reivindicaciones de los manifestantes: un acceso digno a la asistencia sanitaria, una reforma del sistema educativo y la creación de empleo para los jóvenes. “El movimiento no se ha abordado directamente en la campaña”, señala, sin embargo, Meryem Belhoussine, quien precisa que algunos partidos han intentado incorporar a sus listas a personas procedentes de este movimiento. “La Generación Z debe invitarnos a cuestionar la capacidad de los partidos para reanudar el diálogo y ofrecer a los jóvenes un espacio de participación”, concluye.

Hace falta un cambio en las prácticas

Parece que se han obtenido pocas garantías y, según Mehdi Alioua, las consecuencias deberían notarse en las urnas. “No es más que una observación, pero tengo la sensación de que es la mayor desconfianza que he visto nunca. Antes, las campañas eran más festivas y animadas. Me temo que habrá una abstención récord”, dice.

El 50,18% de los marroquíes y marroquinas inscritos depositaron su papeleta en las urnas durante las últimas elecciones legislativas, una cifra superior a la de 2016. Aunque, según Meryem Belhoussine, resulta difícil prever la participación de este miércoles, la población marroquí espera una renovación de la clase política. “Se ha convertido en una necesidad; la renovación suele abordarse desde la perspectiva de la feminización o la llegada de nuevos perfiles”, explica la doctora en Ciencias Políticas, antes de añadir que “la cuestión es hoy más profunda porque lo que está en juego es también la renovación de las prácticas partidistas. Lo que hay que cuestionar en esta campaña es la discrepancia entre la intensidad de los discursos electorales y la intensidad del trabajo político entre dos elecciones”.

La cuestión de la confianza política supone un reto importante para los 27 partidos en liza, que han intentado, durante la campaña, recuperar el vínculo de confianza con los votantes. Para iniciar este proceso de reconexión, la normativa electoral ha evolucionado ligeramente: circunscripciones regionales reservadas a las mujeres, incentivos económicos para atraer a los jóvenes a las listas. ¿Darán fruto estas nuevas medidas? La primera respuesta se conocerá el 23 de septiembre, día de las elecciones.

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