Una tormenta sacude el malecón de Beirut, la capital libanesa. Amal, su esposo y sus tres hijos solo cuentan con una frágil carpa para protegerse.
"A veces vuelve a salir el sol y ponemos a secar la ropa. La gente nos dio ropa para los niños. Pero se enfermaron; les dio fiebre a causa de este clima. Hay mucho polvo, además de la lluvia. Algunas personas nos ayudan y nos dan de comer… son buenas almas", dice Amal.
Los niños tienen entre 2 y 10 años. Es una familia siria. A principios de marzo huyeron de Dahieh con los primeros bombardeos en el suburbio sur de Beirut, junto a decenas de familias. Pero a los pocos días, un misil impactó también este campamento improvisado en la playa a escas metros de donde ellos se hallaban.
"Mi hijo me dice 'Mamá, no quiero que nos quedemos aquí, hay misiles'. Estaba durmiendo y se despertó asustado por el estruendo. Es apenas un bebé y ya sabe lo que es el sonido de un misil'.
Con el paso de los días y la apertura de nuevos centros de refugio, se ven menos tiendas en esta playa denominada "Ramlet Al Baidaa". Pero las autoridades y las asociaciones no dan abasto, como lo explicó a RFI Khalil, trabajador humanitario.
"A lo largo y ancho del país, han sido dos semanas de intensos bombardeos; incluso más destructores que los de la guerra de octubre de 2024″.
La ONG Consejo Noruego para refugiados estima que, a la fecha, el 14% del territorio libanés está bajo órdenes de evacuación.
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