La subida del precio del barril de petróleo ocupa los titulares de la actualidad económica. El crudo ha llegado a alcanzar los 110 dólares, si bien ha vuelto a caer en las últimas horas. Se registra una fuerte tensión en los mercados energéticos. Esta situación preocupa especialmente a las grandes potencias importadoras de petróleo. En este contexto, los ministros de Finanzas del G7 se han reunido para debatir el uso de sus reservas estratégicas de petróleo con el objetivo de inyectar petróleo en el mercado para aumentar la oferta y evitar, en la medida de lo posible, una nueva crisis petrolera mundial.

Estas discusiones se producen en un momento en el que las tensiones en el estrecho de Ormuz presagian importantes perturbaciones. Este paso marítimo es crucial para la economía mundial: por él transita cerca del 20 % del petróleo mundial. Por lo tanto, cualquier perturbación en esta zona puede tener repercusiones inmediatas en los precios del crudo.

Reservas creadas tras la crisis del petróleo de 1973

Las reservas estratégicas de petróleo tienen su origen en la crisis energética de 1973. En aquel momento, varios países productores decidieron reducir sus exportaciones a los países occidentales, lo que provocó una explosión de los precios y una escasez de gasolina en muchos países. Para responder a esta crisis, se creó la Agencia Internacional de la Energía (AIE) con la misión es reforzar la seguridad energética de los países consumidores.

Cada país miembro debe disponer de unas reservas de emergencia equivalentes a por lo menos 90 días de importaciones de petróleo. Estas reservas constituyen una forma de seguro energético. En caso de crisis grave, los Estados pueden recurrir a estas reservas para inyectar petróleo en el mercado y compensar temporalmente la escasez. En el contexto actual, este mecanismo podría activarse. Con las tensiones en el estrecho de Ormuz, el suministro de petróleo podría verse perturbado, lo que contribuiría al aumento de los precios.

El funcionamiento del mercado sigue siendo sencillo. Cuando la oferta disminuye y la demanda se mantiene estable, los precios aumentan mecánicamente. Liberar parte de las reservas estratégicas permite aumentar la oferta disponible e intentar estabilizar los precios. A veces, el simple anuncio de un posible uso de estas reservas basta para calmar los mercados. Eso es lo que ocurrió este lunes.

Cuando los países del G7 plantearon la posibilidad de una acción coordinada, los precios del petróleo comenzaron a estabilizarse.

Una herramienta útil, pero limitada en el tiempo

Sin embargo, estas reservas estratégicas siguen siendo una solución temporal. No pueden resolver una crisis energética duradera. La razón es simple: las reservas son limitadas. Aunque los países disponen de reservas de petróleo para unos tres meses, en realidad esto solo representa unas pocas semanas de consumo a escala mundial. Si una crisis energética se prolongara durante varios meses, estas reservas podrían agotarse con relativa rapidez.

El papel de las reservas es, sobre todo, ganar tiempo. El tiempo necesario para que los productores aumenten su producción, se reorganicen las rutas comerciales o se encuentren soluciones diplomáticas a la crisis. Más allá de la cuestión de las reservas estratégicas, esta situación recuerda sobre todo la fuerte dependencia de la economía mundial del petróleo. Una subida brusca de los precios puede tener varias consecuencias económicas importantes: un aumento de la inflación, ya que la energía encarece el transporte y la producción, pero también una ralentización del crecimiento, al ver que las empresas aumentan sus costes.

A pesar de los esfuerzos por llevar a cabo la transición energética, el petróleo sigue siendo hoy en día la columna vertebral del sistema energético mundial. Desde el transporte hasta la aviación, pasando por la petroquímica, gran parte de la economía sigue dependiendo de él. Por este motivo, las reservas estratégicas siguen siendo una herramienta esencial para preservar el equilibrio de los mercados energéticos, aunque su eficacia alcanza rápidamente sus límites cuando las crisis se prolongan.

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