El coche del papa es, quizá, el vehículo más famoso del mundo. Pero al principio, los papas se movían de forma muy distinta: primero a caballo, luego en carruaje, y después en la “sedia gestatoria”, una silla de manos que se dejó de usar en los años 70.
A comienzos del siglo XX, el papa recibe su primer coche. Pero el primer vehículo que lo lleva fuera del Vaticano es un Graham Paige 837, en 1929.
Un año después, le regalan un Citroën y un Mercedes-Benz Nürburg 460, considerado el primer papamóvil oficial. La marca alemana será además uno de los principales proveedores de coches papales.
Aquellos vehículos llevaban casi siempre un trono dentro y, en general, la matrícula “SCV 1” (“Estado de la Ciudad del Vaticano”), una placa reservada al papa.
La palabra “papamóvil”, en cambio, empieza a usarse de verdad a partir de los años 60. Primero como término coloquial, y luego incluso aceptado por el propio Vaticano.
En la década siguiente, los coches pasan a ser de ese blanco tan reconocible y se les añaden plataformas elevadas, para que los papas se vean mejor entre la multitud. Aunque los modelos cambian, el “papamóvil” ya forma parte del imaginario colectivo.
Todo da un giro en 1981, con el intento de asesinato contra Juan Pablo II. A partir de ahí, los papamóviles se convierten en auténticas fortalezas sobre ruedas: cristales blindados, protección contra explosiones, etc.
Medidas de seguridad que alejan al papa de la gente, algo que Francisco intenta rebajar usando, por ejemplo, un Fiat 500 para moverse, como señal de su cercanía.
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