Es un evento imperdible que comienza en Washington: las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial. Pero este año, el contexto es especialmente tenso con la guerra en Oriente Próximo y Oriente Medio. Surge una pregunta en las discusiones: ¿estamos presenciando un punto de inflexión en el sistema financiero internacional?
Porque el dólar no es una moneda como cualquier otra. Es la moneda dominante a escala global. Se utiliza para regular gran parte del comercio internacional, incluido el comercio de petróleo, y es una referencia para los mercados. Los bancos centrales del mundo entero también lo utilizan como reserva de valor.
Esta posición otorga a Estados Unidos un poder considerable, especialmente a través de las finanzas. Gracias al dólar, Washington puede excluir a ciertos países del sistema financiero internacional, por ejemplo mediante sanciones. Durante mucho tiempo, esta arma fue formidable. Estar desconectado del dólar significaba estar económicamente aislado.
Guerra en Irán: los límites del poder del dólar
Pero hoy en día, este mecanismo está mostrando sus límites. La guerra en Irán es una ilustración llamativa de ello. A pesar de sanciones muy severas, el país ha seguido vendiendo su petróleo. Aún más: con las tensiones en el Estrecho de Ormuz, Teherán ha logrado imponer sus condiciones de paso a través de esta zona estratégica. En otras palabras, incluso excluido del sistema dominado por el dólar, un país puede seguir funcionando. Esto revela una evolución importante: la omnipotencia del dólar está erosionándose gradualmente.
¿Por qué? Porque los países sancionados han aprendido a adaptarse. Están desarrollando alternativas. Irán, por ejemplo, vende parte de su petróleo en yuanes, la moneda china. Al mismo tiempo, se han desarrollado redes financieras alternativas. Menos visibles, a veces ilegales, pero efectivas. Y, sobre todo, está surgiendo una nueva tendencia: el auge de las criptomonedas. Estas permiten transferir dinero sin pasar por los canales tradicionales, sin un banco central y, por tanto, sin depender directamente del dólar estadounidense.
¿Hacia un mundo financiero más fragmentado?
Esta situación podría tener consecuencias duraderas. Al utilizar el dólar como herramienta de presión, Estados Unidos ha provocado un efecto inesperado: animar a otros países a desvincularse de él. Esto se llama desdolarización. No es un colapso repentino del dólar, sino una transformación gradual del sistema.
El mundo financiero se está volviendo más fragmentado. Por un lado, un sistema occidental centrado en el dólar y, por otro, circuitos alternativos, a menudo vinculados a China. Por ello, están surgiendo soluciones alternativas, como las criptomonedas. El resultado: menos reglas comunes, más tensiones e incertidumbre. Un entorno que socava la estabilidad de la economía global.
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