RFI. El presidente Zelenski pidió más dinero, "mucho más dinero", para la guerra de su país contra Rusia. La solicitud fue hecha en Kiev en el marco de la celebración, este lunes, del 35º aniversario de la independencia de Ucrania, en presencia de representantes de la Coalición de Voluntarios, foro que agrupa a países que apoyan a Kiev en medio de la incertidumbre sobre el apoyo de Washington. El primer ministro británico, Andy Burnham, anunció además la autorización para que la empresa de defensa MBDA comparta información clasificada que permita a Ucrania producir localmente el misil de crucero de largo alcance franco-británico Storm Shadow, conocido en Francia como Scalp. ¿Qué piensa de este anuncio?
De lo que se trata es de la cesión de los planos de los misiles Storm Shadow, también llamados Scalp en Francia. Esto supone un cambio de política bastante importante desde el punto de vista británico. Francia ya había cedido hace unos meses parte de esta tecnología a los ucranianos, pero aún faltaban los sistemas de guiado y otros aspectos tecnológicos de origen británico. Que ahora se autorice su transferencia a Ucrania es importante porque representa la última fase de la política impulsada por Biden y Starmer de permitir a Ucrania utilizar armamento occidental contra objetivos dentro del territorio ruso, incluso a gran profundidad. Creo que esta decisión también refleja la constatación, por parte de las potencias europeas y especialmente de Gran Bretaña y Francia, de que Estados Unidos no va a suministrar suficientes misiles Tomahawk a Ucrania. Washington tampoco quiso transferir esa tecnología.
Finalmente, resulta interesante observar un endurecimiento de la política británica hacia Rusia. Se reconoce cada vez más la idea de que, sin la capacidad de atacar objetivos estratégicos dentro de Rusia, la guerra no tendrá un coste político suficiente para Moscú como para modificar su posición de cara a una eventual conclusión del conflicto.
RFI. Este anuncio británico cayó muy mal en Rusia. Moscú acusó al Reino Unido de impedir cualquier avance en el proceso de paz al facilitar esa información y aseguró que su ejército atacará y destruirá las instalaciones que produzcan el misil. Unas amenazas que Londres calificó de escandalosas. ¿Hay razones para temer represalias de Moscú por todo esto?
Moscú lleva años obsesionada, sobre todo en el plano propagandístico, con la idea de que toda esta guerra es una fabricación británica. Recuerdo que hace dos años se promovían teorías conspirativas según las cuales Starmer y Gran Bretaña habían provocado el conflicto y buscaban destruir a Rusia. Hoy Peskov ha dicho esencialmente lo mismo: que Gran Bretaña está obsesionada con destruir a Rusia y que está echando más gasolina al fuego. Remitiría a sus lectores a la respuesta, muy breve y muy sencilla, que dio Andy Burnham: ¿quién empezó esta guerra? La empezó Rusia.
No es la primera vez que Rusia amenaza a Gran Bretaña de forma agresiva. Hace dos años hubo advertencias aún más graves. Recordemos aquellas declaraciones según las cuales, si países con armamento nuclear apoyaban a Ucrania, Rusia se consideraría libre de utilizar armas nucleares contra ellos. Era una amenaza directa contra Gran Bretaña y Francia. Y, aun así, no ocurrió nada.
Dudo mucho que esto conduzca a una escalada más violenta. Sí vemos algunas fricciones diplomáticas entre ambos países. Por ejemplo, el embajador ruso fue llamado a Moscú y aún no se ha designado un reemplazo, lo que constituye una degradación de las relaciones diplomáticas.
También hay otro elemento significativo. Estamos celebrando el 35° aniversario de la independencia de Ucrania, un acontecimiento que, según Putin, marcó el comienzo de la destrucción de Rusia y que él interpreta como el resultado de una conspiración occidental destinada a debilitar al país. No debemos olvidar que Putin sigue viendo la independencia de Ucrania bajo esa lógica.
RFI. Los rusos siguen atacando y matando civiles ucranianos con misiles de largo alcance. Pero también hemos visto señales de debilidad por parte de Moscú. El ejército ruso no está conquistando nuevos territorios, el gobienro ha tenido que recurrir a tropas norcoreanas y, al parecer, preparan una movilización para reclutar 300.000 hombres. Además, están desplazando sus bases logísticas más hacia el este. Mientras tanto, los ucranianos lanzan cada día cientos de drones, atacan refinerías y centros logísticos, e incluso un centro de investigación aeroespacial en Samara fue alcanzado e incendiado. En las redes se multiplican los videos mostrando largas filas de ciudadanos esperando para comprar gasolina en muchas ciudades, incluida Moscú. ¿Se puede decir que en este conflicto las fuerzas se han equilibrado, incluso que la dinámica actual favorece a Kiev?
No creo que estemos todavía en una situación de equilibrio. Rusia mantiene una capacidad muy superior para bombardear objetivos cruciales dentro de Ucrania. El proyecto de fabricar misiles Scalp en territorio ucraniano presenta un problema evidente: los rusos intentarán destruir cualquier fábrica cuya ubicación conozcan.
Dicho esto, tampoco sería correcto afirmar que Ucrania está atacando Rusia a la misma escala con la que Rusia ataca Ucrania. Sin embargo, sí observamos tres elementos muy importantes.
El primero es que la estrategia militar y política ucraniana, aplicada durante los últimos seis meses, está empezando a dar resultados. Como decía Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios, y Ucrania ha puesto en marcha una estrategia coherente.
El aspecto más visible consiste en hacer que la economía y la logística rusas sientan el coste de la guerra. De ahí los ataques con drones contra centros de distribución logística, incluidos los de Wildberries, una plataforma comparable a Amazon y utilizada también por el ejército ruso.
El segundo elemento es la fortificación del Donbás. Los ucranianos han conseguido impedir avances significativos de las fuerzas rusas durante meses. Las líneas del frente permanecen prácticamente congeladas.
Y el tercer elemento, quizá menos visible para el gran público, es el aislamiento de Crimea. Esa estrategia está funcionando muy bien. Rusia está retirando gran cantidad de material logístico, militar y naval de la península. En la práctica, Crimea se está convirtiendo en una isla sometida a la presión constante de drones y misiles. Se destruyen infraestructuras clave de acceso y la península afronta problemas de abastecimiento.
Estos tres componentes de la estrategia ucraniana, llevar el impacto de la guerra al interior de Rusia, resistir en el Donbás y aislar Crimea como centro logístico de la invasión, están dando resultados. Por segunda vez desde el inicio del conflicto, Ucrania tiene la iniciativa.
La diferencia con ocasiones anteriores es que esta vez Rusia parece carecer de una estrategia eficaz para contrarrestarla. Muy lentamente, Ucrania está avanzando. Y por eso Rusia está tan desesperada.
RFI. Se dice que los rusos están sintiendo en carne propia la guerra, por primera vez, la guerra ha desembarcado en su territorio.
Exactamente. Por primera vez se ven columnas de humo y explosiones en Moscú. El régimen de Putin ha hecho todo lo posible por aislar ciudades simbólicas como Moscú, San Petersburgo o Sochi de los efectos de la guerra, como si nada estuviera ocurriendo.
Eso ya no es posible. Ahora cada vez más rusos saben que el país está en guerra y que ellos también pagan el precio de las decisiones del régimen.
Esto encarece políticamente la guerra para Putin. La población percibe mejor sus costes y sus consecuencias. Existe además una enorme preocupación por el anuncio del Ministerio de Defensa sobre el reclutamiento de 300.000 soldados adicionales. Todo indica que la movilización se centrará en regiones periféricas, evitando Moscú y San Petersburgo para mantener la apariencia de normalidad.
La reacción de inquietud que estamos viendo demuestra que Rusia tiene dificultades para reclutar nuevos soldados. Es algo notable en un país con una población muy superior a la de Ucrania. Hay problemas para mantener los efectivos, para sostener el esfuerzo militar y para convencer a la población de que esta es una guerra que merece la pena. Desde el punto de vista de muchos rusos, la guerra está regresando a casa.
RFI ¿Es completamente descabellado pensar que Rusia, el Estado ruso tal como se conoce hoy, pueda llegar a derrumbarse? Se lo pregunto porque la situación económica parece cada vez más delicada. Al mismo tiempo, del lado político, resulta difícil para la cúpula rusa admitir públicamente los golpes infligidos por Ucrania. La propaganda los niega, si bien esos golpes siguen acumulándose y para millones de rusos ya son evidentes. ¿No podría esta combinación de deterioro económico y ceguera política desembocar en una crisis mucho más profunda, incluso un desmoronamiento del país?
Por ahora, no. Aún no veo el final del régimen de Putin. Si esta situación se prolonga durante varios años más, podría convertirse en una posibilidad, pero actualmente el régimen conserva recursos, fuerza política y, sobre todo, el control de los aparatos del Estado necesarios para mantener la represión, la censura y la propaganda. No debemos olvidar que Rusia vive en una situación de aislamiento informativo considerable. Su ecosistema digital se ha vuelto cada vez más autónomo y separado del resto del mundo. En estas condiciones, resulta difícil que la población tenga, al menos a corto plazo, la capacidad de desafiar seriamente al régimen. En mi opinión, la principal amenaza para Putin no vendría de la calle, sino de una rebelión dentro de las élites económicas. Y creo que eso también preocupa al propio Putin. Hemos visto desaparecer o caer en desgracia a varios oligarcas importantes durante los últimos meses. Y eso es significativo porque se trata de personas tradicionalmente leales al régimen. Son quienes han controlado durante años grandes estructuras financieras, económicas, logísticas y mediáticas. Si Putin empieza a sospechar de sus propios aliados, a encarcelarlos o a reprimirlos, eso puede interpretarse como un signo de fragilidad interna. Pero la situación actual también demuestra que todavía dispone de los medios necesarios para neutralizar a quienes desafían su poder.
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