Por el corresponsal de RFI en Tel Aviv
Durante los últimos años, el primer ministro Benjamin Netanyahu se peleó con los presidentes demócratas y apoyó incondicionalmente al republicano Donald Trump.
Durante la segunda presidencia de Barack Obama, Netanyahu se presentó en contra de su voluntad frente al Congreso dominado por republicanos, para insistir en que Obama anule el acuerdo con Irán, algo que logró más tarde convenciendo a Trump, con desastrosas consecuencias.
Tres años de guerra en Gaza, sumamente criticada en Europa y también en Estados Unidos, socavó el apoyo de la población estadounidense a Israel, a pesar de haber comenzado con un obsceno ataque de Hamás contra la población civil israelí.
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Y si faltaba algo, tratando de minimizar su derrota en las elecciones de medio término ayer, Trump anunció que hasta fin de año se interrumpiría totalmente el apoyo de defensa de casi 4.000 millones de dólares que Washington otorga a Israel anualmente.
El próximo gobierno israelí, que a juzgar por el resultado de las elecciones de la semana pasada, estará encabezado por Gady Eizenkot y no por Netanyahu, deberá hacer muy buena letra para recuperar la confianza de la ciudadanía de la potencia occidental, principalmente hacer pasos en dirección a una reconciliación con el mundo árabe en general y con los palestinos en particular.
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