En la antesala de las elecciones municipales francesas, un tema ha surgido en los debates locales de toda Francia: la crisis de la vivienda. Hoy en día, alojarse se ha vuelto más difícil y caro, ya sea para comprar una propiedad o simplemente para alquilar un apartamento. Y esta situación ya no afecta solo a los hogares más modestos. Ahora, todas las categorías sociales se ven afectadas.
La razón es relativamente sencilla. La vivienda está atrapada entre precios altos, ingresos que crecen más lentamente y el acceso al crédito que se ha vuelto más complicado. En 20 años, si no tenemos en cuenta la inflación, los precios de la vivienda han subido casi un 90%, frente a aproximadamente un 10% en los salarios.
Una tensión que se ha vuelto aún más pronunciada en los últimos cinco años. Tras la crisis del Covid-19 y luego la guerra en Ucrania, el Banco Central Europeo subió los tipos de interés para frenar la inflación. Como resultado, los préstamos inmobiliarios se han vuelto más caros y, por tanto, más difíciles de conseguir. Para muchos hogares franceses, la capacidad de endeudamiento se ha desvanecido. Los profesionales inmobiliarios también se han visto afectados.
Entonces se instaló un mecanismo muy sencillo. Cuando ya no podemos comprar, seguimos siendo inquilinos. Y cuando seguimos siendo inquilinos, no liberamos nuestra casa. Las primeras víctimas de esta situación suelen ser los jóvenes trabajadores. El efecto dominó está en marcha: el mercado inmobiliario se bloquea poco a poco.
Consecuencias económicas y demográficas
Durante esta campaña electoral municipal, surge una idea con regularidad: se deberían construir más viviendas. Porque hay que decir que el parque de viviendas crece menos rápido que la demanda. Mecánicamente, esto crea tensiones. En algunas zonas llamadas "tensas", especialmente en grandes ciudades, los alquileres y los precios de la vivienda siguen subiendo fuertemente. Esta situación limita el acceso al alquiler o la compra para muchos hogares.
Pero las consecuencias van más allá del mercado inmobiliario por sí solo. También tienen un impacto en la actividad económica. Cuando una empresa se encuentra en una zona donde la oferta de viviendas es insuficiente, puede encontrarse con dificultades para reclutar. Según el grupo Action Habitation, una de cada cinco personas trabajadoras ya ha dejado un empleo por falta de vivienda.
La crisis de la vivienda también puede afectar las decisiones de vida. Una pareja que no encuentra un lugar donde vivir puede retrasar o renunciar a un proyecto familiar. A largo plazo, estas situaciones pueden afectar a la dinámica demográfica y al crecimiento económico.
¿Qué soluciones se pueden encontrar para salir de la crisis de la vivienda?
Ante esta situación, se mencionan regularmente varias vías en el debate público. Entre ellas, la extensión o refuerzo del préstamo sin intereses para facilitar el acceso a la propiedad. Otra palanca es movilizar más terrenos disponibles para construir viviendas a menor coste. También se citan a menudo los controles de alquiler, junto con incentivos fiscales para animar a los propietarios a alquilar sus propiedades.
El desarrollo de la vivienda social también es una vía importante, al igual que la de la vivienda intermedia, dirigida a las clases medias. Estas viviendas ofrecen alquileres controlados, generalmente más bajos que los del mercado privado. Algunos arrendadores, como in’li (una filial del grupo Action Habitation), por ejemplo, ofrecen alquileres que son entre un 10 y un 15% más baratos.
Las necesidades a largo plazo siguen siendo considerables. Según el Ministerio de Transición Ecológica, Francia necesitará 7,8 millones de viviendas adicionales para 2050. En este contexto, el reto es claro: construir más viviendas, pero también construir mejor, para satisfacer las necesidades de los hogares y los desafíos económicos y sociales del país.
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