Con Bruno Duval, corresponsal de RFI en Tokio
Hace exactamente 15 años, el 11 de marzo de 2011, un terremoto seguido de un tsunami de magnitud excepcional azotó Japón. Según el balance oficial, la catástrofe causó más de 22.200 muertos y desaparecidos. También provocó el accidente nuclear más grave desde Chernóbil en 1986.
Durante mucho tiempo, los agricultores y pescadores de la región sufrieron la desconfianza de los consumidores. Un rumor infundado afirmaba que sus productos estaban contaminados por la radiación y eran peligrosos para la salud. Pero la situación está cambiando. En un centro comercial de la capital, los consumidores se apresuran ahora a comprar productos de Fukushima.
Una clienta explica que apoyar a los pequeños productores le parece “lo mínimo” después de todo lo que han pasado. Una niña cuenta que en el comedor escolar suelen servir pescado de Fukushima, lo que ella considera que está “muy bien”. Otra consumidora dice sentirse agradecida a estos productores que siguen dando “lo mejor de sí mismos”.
Productores aún bajo presión
Para los profesionales que han venido a presentar sus productos, este apoyo es muy valioso. “Nos alegra el corazón… y nos salva”, confiesa uno de ellos. Otro insiste en la necesidad de enviar un mensaje claro: “Hay que transmitir al mundo entero el mensaje de que nuestros productos agrícolas son seguros, deliciosos y excelentes para la salud”.
Según las encuestas, solo entre el 6 % y el 7 % de los japoneses siguen desconfiando de estos productos, tres veces menos que hace diez años. Sin embargo, estos consumidores se mantienen discretos y a menudo rechazan las invitaciones para dar su testimonio. En el archipiélago, esta actitud se considera a menudo antisocial.
Pero en las redes sociales, algunos comentaristas les dan la razón, invocando “el principio de precaución”. Así, siguen circulando discursos que afirman que “nos mienten” o “nos ocultan cosas”: en Japón, como en otros lugares, las teorías conspirativas causan estragos.
Compartir esta nota