Con nuestra enviada especial en Bidur, Juliette Chaignon
Hay que reconstruirlo todo en las localidades afectadas: colegios, centros de salud, calles, comercios. Lo que sumerge a los damnificados en la incertidumbre. Son cientos los que aguantan con paciencia en los centros de acogida temporal de Bidur, en el distrito de Nuwakot, a unos cincuenta kilómetros de Katmandú.
Desde hace casi dos semanas, Taradevi Tamang, de 50 años, vive en un pabellón deportivo de Bidur junto con otros 200 damnificados. Todos duermen en colchonetas apiladas unas junto a otras. Taradevi no sabe cuánto tiempo tendrá que quedarse aquí; seguramente varias semanas o incluso varios meses.
“Tenemos que empezar de cero”
Según el Gobierno, más de 20 000 viviendas del país ya no son habitables. “En mi casa todo está cubierto de barro. ¿Adónde podríamos ir? Ya no queremos vivir a orillas del río”, explica. “He perdido todas mis pertenencias. Tenía oro y plata guardados, pero ya no queda nada. Tenemos que empezar de cero. Es más estrés y más estrés”.
Taradevi espera recibir ayuda del Gobierno para reubicarse en un lugar seguro y reanudar su cría de cerdos.
Para la mayoría de los afectados, también hay que afrontar el duelo.
Kopila, de 20 años, que se aloja en una sala de yoga, perdió a su madre y a varios familiares en Rasuwa. “Viene a vernos una terapeuta; en ese momento nos hace sentir mejor, pero después volvemos a sentir la pesadez en el corazón. Antes de las inundaciones, intentaba marcharme al extranjero, pero ahora es imposible”, cuenta.
Recuperarse tras la catástrofe llevará años en un país cuya economía ya es frágil. El Gobierno nepalí calcula que el coste de la reconstrucción superará los 2.500 millones de dólares.
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