Por Murielle Paradon y Joris Zylberman
Moscú, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, ha denunciado la intervención estadounidense en Venezuela como “un acto de agresión profundamente preocupante y condenable”. Rusia cuenta con Venezuela entre sus aliados, dentro de los países del sur. Y con el control de Estados Unidos sobre este país, Moscú pierde un socio de primer orden en América Latina. “Rusia había recibido el apoyo de países como Brasil o Venezuela en la Asamblea General de la ONU, lo que se tradujo en abstenciones o votos que no condenaban la invasión de Ucrania”, recuerda Cyrille Bret, experto del Instituto Montaigne, en Francia. “Venezuela también era una palanca para presionar a Estados Unidos y para beneficiarse, en una región donde la influencia estadounidense es extremadamente fuerte, de un punto de apoyo”, precisa.
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La pérdida de un aliado
Moscú pierde así un apoyo político, pero también un socio económico. Los rusos y los venezolanos han firmado acuerdos, especialmente en el sector petrolero. “Es uno de los principales vectores de cooperación entre ambos países», afirma Igor Delanoë, subdirector del Observatorio Franco-Ruso e investigador asociado del IRIS (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas). También existe una cooperación técnico-militar, ya que Venezuela compró a Rusia hace varios años material militar, aviones de combate y sistemas de defensa antiaérea. Sin embargo, las inversiones rusas siguen siendo limitadas, ya que Moscú apuesta más por otros socios como China. En cuanto al petróleo, Venezuela, con su importante producción, podría permitir a Rusia “abrir o, por el contrario, restringir el flujo de hidrocarburos (…) para mantener los precios altos y apoyar el esfuerzo bélico en Ucrania”, añade Cyrille Bret, quien también matiza: la intervención estadounidense en Venezuela no es ni una catástrofe geopolítica ni una catástrofe geoeconómica para Rusia.
La lógica rusa de las esferas de influencia validada
La operación estadounidense en Venezuela y la espectacular captura de su presidente, Nicolás Maduro, no serían tan malas noticias para Moscú. “Donald Trump ha hecho en Venezuela lo que Vladimir Putin quería hacer en 2022 en Ucrania: cambiar al jefe de Estado, probablemente eliminarlo, y establecer en Kiev un gobierno favorable a Moscú”, afirma el experto del Instituto Montaigne. Volodimir Zelenski ha confirmado en varias ocasiones que ha sido amenazado directamente. Al reaccionar a la captura de Nicolás Maduro, el presidente ucraniano ironizó sobre la forma en que se trataba a los “dictadores”. “Estados Unidos sabe lo que tiene que hacer a continuación”, lanzó, en una referencia apenas velada a Vladimir Putin.
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Pero, en el fondo, muchos temen que la operación estadounidense en Venezuela no haga más que animar a Rusia a continuar su ofensiva sobre Ucrania con total impunidad. “Lo que han hecho los Estados Unidos entra dentro de una lógica perfectamente comprensible para los rusos”, analiza Igor Delanoë. “La doctrina Monroe, reivindicada por Trump. Es decir, el patio trasero estadounidense en el que Washington tiene derecho a supervisar y vetar lo que ocurre, incluyendo y sobre todo los asuntos internos de los Estados soberanos de su zona de influencia. Es un lenguaje que los rusos entienden, ya que es lo que reivindican para sí mismos, especialmente en el espacio postsoviético”.
Una condena moderada para preservar el diálogo
Por otra parte, Rusia se ha abstenido de criticar demasiado a Estados Unidos. La condena de la operación en Venezuela ha sido moderada y solo ha venido del Ministerio de Asuntos Exteriores, no del Kremlin. Moscú también estaría pensando en el siguiente paso. En el caso de Ucrania, existe “una agenda bilateral ruso-estadounidense, la de la cooperación económica”, concluye Igor Delanoë, “y Moscú no quiere provocar otro cambio de opinión de Trump, como es habitual en él”.
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