El aplazamiento sin fecha de las elecciones presidenciales y legislativas en Haití sume al país de nuevo en la incertidumbre. La primera vuelta de ambas estaba prevista para el 13 de diciembre, pero el Consejo Electoral ha postergado las primeras fases del proceso electoral y, con ello, los comicios. En su comunicado no explicó los motivos, pero Haití es un país devastado por la violencia y la inseguridad debido a la expansión de las pandillas y los grupos armados.
Su último presidente, Jovenel Moïse, fue asesinado en 2021 y no se celebran elecciones desde 2016. Eduardo Ordóñez, consultor en seguridad y riesgo político para Latinoamérica, explica a RFI que no cree que vaya a haber comicios pronto por el problema de las pandillas, pero también por cómo la violencia ha destruido las estructuras básicas del Estado…
“No veo un escenario en el cual puedan convocar elecciones por el factor de los grupos armados, los cuales pueden tener una alta injerencia en las elecciones o pueden impedirlas, sabotearlas o poner a alguno de sus candidatos. Tampoco hay en el país estructuras fuertes que permitan realizar unas elecciones. Adicionalmente está el tema del dinero, la crisis derivada de la pobreza, de la falta de algunas leyes, de que no se pueden implementar. Es un Estado débil. Hay analistas que lo consideran un Estado fallido. Técnicamente no funciona como debería funcionar. Llevan diez años sin elecciones, no hay presupuesto. Dependen altamente de las donaciones de Naciones Unidas y de algunas misiones de estabilización para garantizar su propia seguridad. Eso nos habla mucho de la debilidad institucional crónica en Haití”, explica.
La ayuda internacional es fundamental, pero no suficiente. Misiones como la Fuerza de Supresión de Pandillas, con la que se han comprometido El Salvador o Perú, no consiguen frenar la violencia. Eduardo Ordóñez echa en falta una mayor colaboración de los vecinos de la región.
“Tenemos actores como Estados Unidos que no están dando el dinero que, por ejemplo, sí asignan para otros países como Ecuador, donde tienen más intereses. Esa es la realidad. Hay un factor muy importante: Haití tiene de vecino a la República Dominicana y ese país no apoya a Haití como tal; lo que ha hecho es, al contrario, levantar un muro. También es un vecino que percibe cierto miedo por una potencial migración masiva hacia los países latinoamericanos. No van a mandar gente para ayudar a estabilizar Haití sobre el terreno. Lo podrían hacer México y Brasil, eventualmente Argentina, Uruguay y Colombia. Aunque Colombia tiene una fricción muy fuerte con ellos, ya que mercenarios de ese país mataron a su presidente. Entonces es una relación muy ríspida. México es más de apoyar con víveres, con dinero, pero hasta ahí”, concluye Eduardo Ordóñez.
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