Se cumplen cuatro años de la invasión de Rusia en Ucrania, cuatro años de guerra de alta intensidad donde la UNESCO trabaja activamente para preservar el patrimonio: el centro de Odesa ha sido inscrito en la lista del Patrimonio Mundial en Peligro de la UNESCO. Un ejemplo, entre tantos, de sitios que necesitan una vigilancia particular sin olvidar, por supuesto, todas las vidas perdidas y rotas por el conflicto.

Al intensificarse los ataques de drones, inclusive en la capital Kyiv, esta misión es cada vez más peligrosa. Sin embargo, "nosotros hemos aprendido a trabajar en zonas de guerra, cosa que la UNESCO no hacía. En su mandato cultural venía después de un conflicto a reconstruir. Desde hace cuatro años, no solamente en Ucrania, en otros países del mundo, ya estamos en el terreno. Hoy en día tenemos una oficina instalada hace más de tres años con más de 45 funcionarios que trabajan ahí. Se consiguió una inversión de más de 56 millones de dólares solamente para reconstrucción, afianzamiento o ayuda para los museos. Pero hay cosas que están escondidas y que son muy terribles, además de las pérdidas humanas. Por ejemplo, cuando se ataca la electricidad se está afectando el patrimonio de Ucrania", explica Ernesto Ottone, director general adjunto para la Cultura de la UNESCO.

Atacar la electricidad es atacar la temperatura, por lo tanto "el patrimonio de la humanidad, porque no es patrimonio solamente de un país. Nosotros que llevamos la contabilidad desde el primer día de esta guerra, ya más de 623 sitios culturales han sido dañados y esos son los que nosotros podemos reportar por la gente que tenemos en el terreno."

En cuanto a la cultura viva, España ha financiado un centro cultural en L’viv, que permite que los artistas y creadores puedan tener un lugar para seguir desarrollando sus proyectos: "Y eso en tiempos de guerra es fundamental, tal como el trabajo que hacemos en los países fronterizos para mantener lo que es el patrimonio vivo de la mujer y los niños que han tenido que huir del país para seguir en contacto con sus tradiciones y su cultura".

Estados Unidos se retira de la UNESCO

Para preservar esa cultura se requiere un presupuesto robusto. Presupuesto fragilizado por el portazo estadounidense. Donald Trump ya lo había anunciado el año pasado retomando el patrón de su primer mandato. Sin embargo, las consecuencias son concretas. Hasta hace poco, Estados Unidos era uno de los principales financiadores.

"En la administración anterior de la directora Audrey Azoulay se hizo un trabajo para buscar nuevo financiamiento que no fuera tan dependiente del regular. Hoy en día pasamos del 22% que representaba el financiamiento de Estados Unidos a un 8% en el presupuesto integrado, por lo cual ya hay una experiencia acumulada".

Lo que no es el caso para otras agencias de las que igualmente se retiró Estados Unidos a principios del 2026 en donde "el impacto en trabajo de campo y en recursos humanos han sido muy duros".

Sin embargo, Ottone admite que, a pesar de la preparación, "habrá que hacer con menos recursos el mismo trabajo que hemos hecho en muchos países. Somos la única agencia especializada de todo el sistema de Naciones Unidas en el tema de la reconstrucción, en la salvaguarda del patrimonio. Por lo tanto, hay mucha demanda, sobre todo del sur global", explica. 

Ante este panorama, la agencia de la ONU, que cumple 75 años, debe diversificar las fuentes de recursos, que provienen de las contribuciones obligatorias de los Estados miembros, de fondos voluntarios y cada vez más de montos provenientes del sector privado.

"Con la IA hemos visto grandes beneficios como en la preservación del patrimonio"

Las finanzas son sin duda el primer desafío del nuevo director general de la UNESCO, el egipcio Khaled-El Enany, que sucede a la francesa Audrey Azouley, otro gran desafío es la revolución de la IA, que fragiliza todas las misiones bajo el mandato de la organización y particularmente la cultura. 

En el 2021, este organismo había adoptado un texto normativo sobre la ética y la IA para promover lo virtuoso y mitigar los efectos negativos. Pero puestos esenciales como la traducción, la interpretación y la creación visual ya están en vías de desaparición. 

"Nosotros hemos visto grandes beneficios, sobre todo en el tema de la preservación del patrimonio", matiza Ottone. "Lo que antes nos demorábamos tres años en hacer un inventario de un museo, por ejemplo en un país africano, en Sudán, ahora, el año pasado, lo hicimos en dos meses. Entonces, efectivamente esta tecnología nos entrega una herramienta más democratizadora de acceso a bienes y servicios culturales."

Sin embargo, "y esa es la gran discusión que tenemos y el gran desafío que hemos hecho con todo esto estos últimos dos años con expertos, es ver cómo se protegen los contenidos culturales, los derechos de autor, la diversidad cultural y lingüística."

Ya en museos y en otras instituciones culturales se recurre a la inteligencia artificial para restaurar, digitalizar archivos o controlar las condiciones ambientales de una pieza. Lo que es clave para conservar pinturas y esculturas.

"Lo mismo que se pensó hace veinte años para defender la diversidad lingüística, las expresiones culturales, puede tener un símil en la era digital. Esa ha sido la discusión de los últimos dos años y esperamos que los Estados miembros quieran avanzar para tener este acuerdo intergubernamental que va a significar pasar nuevamente por todos los estados miembros para ratificación", precisa el exministro de Cultura chileno. 

Un proceso democrático pero muy lento comparado a la velocidad arrasadora de la IA: "El avance es tan amplio que lo que estamos discutiendo hoy, no sé si tendrá validez en dos años más, porque la tecnología va a modificarse, va a mutar y se va a transformar en algo cada vez más inteligente. Publicamos un texto de expertos que estuvimos durante más de seis meses trabajando sobre la inteligencia artificial y la cultura. Concluimos que lo fundamental es no perder la parte humana de lo que se mete como información. Es decir, que tiene que estar al servicio del ser humano y no viceversa. Y esa es la gran discusión", afirma Ottone. Todo un reto para que a los autores se les pague de manera justa. 

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