Con nuestra enviada especial a Gaza, Frédérique Misslin
“Nos dirigimos hacia este puesto avanzado, la amenaza es real en la zona, no se separen”, advierte Nadav Shoshani, uno de los portavoces del ejército.
El ejército israelí lleva a los periodistas a la Franja de Gaza, a un promontorio a 400 metros de la línea amarilla. Esta línea separa el enclave en dos partes desde el alto el fuego: una controlada por Israel y otra por Hamás.
La zona está devastada, se adivinan antiguos invernaderos agrícolas de los que solo quedan algunos trozos de plástico y restos de chatarra. Los tanques israelíes apuntan con sus torretas hacia los escombros de una antigua vivienda, a lo lejos, más allá de la línea amarilla: la ciudad de Deir el Balah, con casas y edificios en pie, pero sin ventanas ni paredes. Los edificios destruidos muestran las huellas de dos años de guerra, aún visibles incluso a gran distancia.
Se oyen detonaciones: son las operaciones que se llevan a cabo en la zona, como explica Nadav Shoshani. “Hamás ha construido el sistema de túneles terroristas más complejo del mundo”, explica el portavoz. “Nos esforzamos por encontrarlo y desmantelarlo, con el fin de eliminar la amenaza y hacer de Gaza un lugar donde sea posible reconstruir”.
El ruido de las excavadoras es incesante en la colina, debido a las tareas de limpieza. Durante un discurso en Davos, el presidente estadounidense Donald Trump anunció una nueva Gaza, reactivando su proyecto inmobiliario de lujo para el enclave palestino.
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