RFI. Profesor Gabriel Jiménez Roche, la deuda pública francesa aumentó en 59.600 millones de euros entre finales del primer trimestre y finales del segundo. Esto después de haber aumentado ya 75.800 millones en el primer trimestre, cuando representaba el 117,5% del PIB. Recordemos que la deuda pública se ubica en una cifra récord de 3,59 billones de euros. En otros términos, la deuda pública es hoy mayor que la riqueza anual que produce el país. ¿Por qué preocupa más ahora que hace diez años esta pesada deuda?
Sí, bueno, que una deuda, en general, no solamente para un Estado, sea más elevada que el valor operacional de una entidad es normal. Las empresas lo hacen mucho y el Estado también, porque de todas formas esa deuda acumulada se paga al cabo de años, ¿no? O sea que, en el caso de Francia, sobre todo, Francia tiene una muy buena distribución temporal de su deuda, con pagos de principal de capital que están bastante bien distribuidos en el tiempo. Eso no es el problema.
El problema, sin embargo, es que Francia está demostrando no ser capaz de generar flujos netos positivos para poder disminuir esa deuda. Ese es el problema principal de Francia. Como ocurre en una empresa. Quiero decir, si una empresa tiene mucha deuda, o sea un encaje financiero consecuente, con tal que tenga un flujo de caja positivo regular, no es un problema porque quiere decir que puede pagar esa deuda.
En el caso de Francia es lo contrario. Acumula deuda y no consigue generar un flujo positivo y, por lo tanto, esa deuda va aumentando, aumentando y aumentando. Cada vez más, los pagos del servicio de la deuda son prácticamente únicamente intereses. O sea, la parte de los intereses en el pago de la deuda, dentro de las finanzas públicas, empieza a ser cada vez más importante. O sea que Francia tiene un déficit presupuestario y una parte de ese déficit, cada vez más importante, se debe únicamente a los intereses de la deuda. O sea, ni siquiera es un déficit operacional por las actividades del gobierno francés, sino simplemente por los intereses acumulados al cabo de los años.
RFI. ¿Y esto sucede porque la economía francesa no es suficientemente dinámica y porque no se han hecho las reformas necesarias? Por ejemplo, la reforma de las pensiones se echó para atrás. ¿Todo eso hace que pase lo que está pasando?
Gabriel Jiménez Roche. Sí, de cierto modo es una combinación de los dos, ¿no? O sea, un crecimiento débil más una incapacidad de reformar. Esa incapacidad de reformar ya viene de años. No es solamente de este gobierno, sino de otros gobiernos también, que tuvieron oportunidades y mayorías parlamentarias y no consiguieron reformar. Bueno, gobiernos que tampoco quisieron reformar.
O sea que es una responsabilidad de varios gobiernos que se acumula con el tiempo. Y justamente esa incapacidad de reformar, porque no es solamente una cuestión de reformar gastos públicos, etcétera, sino también reformar la burocracia misma del Estado, que impacta al sector privado. Y esa burocracia que impacta al sector privado va a impedir a ese sector privado desarrollarse, por un lado.
Por otro lado, esa misma burocracia administrativa y fiscal va a desmotivar las inversiones y que esas inversiones permanezcan en territorio francés. Es cierto que Francia sigue siendo, tal vez hasta hoy, el país que más atrae inversiones extranjeras dentro de la Unión Europea. Sin embargo, no son inversiones que se quedan. Muchos proyectos son iniciados en Francia, por ejemplo, para aprovechar ciertos dispositivos que hay para crear negocios. Pero al final la madurez de esos negocios se alcanza en otros países. Se van a otros países.
Entonces, por ejemplo, un proyecto va a iniciarse en Francia, va a crearse aquí, va a beneficiarse de ciertas ventajas fiscales, etcétera. Pero al final se va a desarrollar de forma más madura en Irlanda o en República Checa, etcétera. O sea que hay un problema para hacer que las inversiones se queden en Francia y, sobre todo, esas inversiones que crean productividad.
RFI. Ahora, si comparamos con Alemania, los intereses anuales de la deuda podrían llegar a 90 o 91 mil millones de euros en 2027 y la tasa a diez años de Francia está en 4,7%, contra 3,6% en Alemania, que es el mayor diferencial desde 2012. ¿Cómo explicaría usted que ese sobrecosto refleja una pérdida de confianza? ¿Y por qué, si los mercados exigen tasas aún mayores, Francia podría entrar en una espiral parecida a la de Grecia en 2010?
El premio que se paga, la diferencia entre los intereses de Alemania y de Francia, refleja la percepción de los mercados sobre la incapacidad francesa de reducir su deuda. Cuanto más acumula deuda Francia, y sobre todo más déficit, aumenta su riesgo de impago. Hay que recordar a los oyentes que, a diferencia de Estados Unidos o de Japón, los países miembros de la zona euro no tienen el poder monetario sobre su deuda. O sea que no pueden hacer que el Banco Central Europeo compre forzosamente deuda del país. Eso tiene que pasar por acuerdos, es complicado. No es lo mismo que pasa en Japón o en Estados Unidos, donde pueden hacer fácilmente que sus bancos centrales compren esa deuda. Y los bancos centrales compran porque prácticamente la única deuda que pueden comprar es la deuda soberana del país. No es el caso acá en Europa.
Entonces, técnicamente hablando, un país miembro de la zona euro puede entrar en una crisis de impago, en una situación de default. El problema es que Francia, como no consigue reformar, no consigue corregir sus desequilibrios. Alemania es capaz de hacer superávits presupuestarios, por lo tanto, tiene un interés bastante más bajo con respecto a Francia.
RFI. ¿Podría caer Francia en una crisis como la que pasó con Grecia?
Todavía no estamos allí, pero puede llegar a ese punto. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, en el caso de Grecia, y no solamente Grecia sino también Portugal y España en aquella época, eran países que tenían una distribución temporal de su deuda muy mala. Tenían que hacer muchos pagos de una sola vez y no conseguían generar los flujos necesarios para afrontarlos. Y, sobre todo, no tenían la capacidad de renegociación que tiene un país como Francia.
Entonces Francia no tiene ese mismo problema. Francia tiene mucha deuda a muy largo plazo. Más de 20 años. Tiene varias obligaciones que fueron emitidas con vencimientos de 20, 30 años e incluso más. Eso le permite respirar mejor y distribuir bien sus pagos.
Sin embargo, la situación se va empeorando cada vez más. Es difícil reformar y hay otros problemas que se suman. Cada vez es más difícil atraer capital. Está también el problema demográfico. Francia, por primera vez el año pasado, tuvo un crecimiento demográfico negativo. Y esta es la cuestión también de las pensiones de jubilación. Ese es un rubro de gasto muy fuerte acá en Francia, sobre todo en el sector público, porque el sistema jubilatorio del sector público en Francia es totalmente deficitario, mientras que el sector privado no lo es.
Pero el sector privado, si tuviera que absorber el déficit del sistema jubilatorio público, no tendría la capacidad de hacerlo. O sea que habría una pérdida neta de pensiones en Francia. Y esto evidentemente es un problema para la economía, porque entonces uno se va a preguntar: ¿cómo vamos a financiar ese déficit? ¿Con más impuestos? Pero Francia está agotada de tanta carga fiscal, por un lado. ¿Se pagarían menos pensiones? Pero los jubilados en Francia son una gran fuente de consumo. Entonces es todo un problema.
Y la decisión más obvia y racional, que muchos países ya adoptaron en Europa, pero que Francia por el momento no ha adoptado, es la extensión de la edad de jubilación.
Por el momento, en Francia estamos en 62 o 63 años en promedio, mientras que en otros países ya son 67 y ya se habla incluso de 70 años.
O sea que, para Francia, realmente eso hace que se acumulen aún más los problemas.
Y el plan presupuestario propuesto por el primer ministro, ojo, no es realmente un plan de ahorros, sino un plan de congelamiento de los gastos públicos. O sea que no prevé realmente una reducción drástica de los gastos, porque para eso tendría que haber una reforma administrativa que, por el momento, no se vislumbra.
RFI. El patrimonio financiero de los hogares franceses se estima en alrededor de 6,6 billones de euros, casi el doble de la deuda pública. ¿Puede pensarse que ese enorme botín, como lo consideran algunos, podría utilizarse como recurso de último momento para enfrentar la deuda y evitar que se desencadene una grave crisis financiera? ¿O es una idea que, lejos de calmar a los mercados, aceleraría el pánico?
Gabriel Jiménez Roche. Pero es justamente eso lo que cae muy mal, ¿no? Que se vean esos ahorros como un botín. A corto plazo, evidentemente, uno puede decir: vamos a cobrar impuestos sobre eso, a fiscalizar ese ahorro, que ya es fiscalizado, por cierto. Vamos a fiscalizar ese ahorro para pagar el déficit. Pero no se hace nada con el déficit. O sea que no se hace ninguna reforma para que ese déficit no exista más después. Eso funciona a muy corto plazo, pero a largo plazo es terrible para la economía.
Ya empiezan a verse ciertos movimientos. Gente que antes tenía residencias secundarias en Francia ya empieza a tener residencias secundarias en otros países de la Unión Europea o incluso fuera de la Unión Europea. La gente ya empieza a preguntarse si vale la pena mantener sus ahorros en el país. O sea, la cuestión de ver los ahorros como un botín no es una buena idea. Es realmente una situación desesperada.
RFI. ¿Qué habría entonces que hacer?
Lo ideal, realmente, lo que Francia necesita son reformas administrativas, reformas del gasto público, reformas jubilatorias que todos los países vecinos hicieron. Suecia lo ha hecho. Alemania lo ha hecho en 2006. Italia es el único país que todavía no lo ha hecho muy bien, pero va en camino. España lo está haciendo más o menos. Portugal lo hizo. Grecia lo hizo.
O sea, casi todos los miembros de la Unión Europea hicieron alguna forma de reforma más drástica a nivel administrativo, jubilatorio o fiscal, mientras que Francia, por el momento, no hizo nada. Y en algún momento va a tener que ponerse las pilas y hacerlo o, si no, seguir enviando malas señales a los mercados.
Y efectivamente, el diferencial que usted ha mencionado entre el interés de Alemania y el interés francés va a aumentar. Incluso ese diferencial va a aumentar con respecto a países que normalmente tenían intereses más altos que Francia, como España o Italia.
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