Grégoire fue elegido alcalde el mes pasado tras una campaña en la que sus rivales responsabilizaron a su predecesora, la socialista Anne Hidalgo, de los presuntos abusos sexuales en las escuelas. El nuevo regidor prometió un plan para atajarlos y confesó que él mismo fue víctima cuando era niño.
En declaraciones al diario Le Monde, el alcalde anunció 20 millones de euros (23 millones de dólares) para el plan, abrió la puerta a destinar otros 10 millones más y prometió una mejor selección y formación de los monitores, canales más claros para denunciar los abusos, y transparencia con los padres.
En París, los monitores escolares contratados y formados por la ciudad ayudan a cuidar a los niños fuera del aula, incluso por la tarde, antes de que sus padres puedan ir a recogerlos al colegio.
El año pasado, las autoridades locales suspendieron a 30 de estos monitores, entre ellos 16 sospechosos de cometer agresiones sexuales, según cifras del ayuntamiento.
Desde enero, otras nueve personas –todas trabajaban en el mismo centro– fueron suspendidas por sospechas de violencia física y sexual.
Los padres de los alumnos han acusado a la dirección del centro de no informarles de sus sospechas.
"Si hubo un error colectivo, fue tratar estos casos como incidentes aislados cuando en realidad reflejan un riesgo sistémico, y quizá incluso un código de silencio sistémico", dijo Grégoire, que dejó el ayuntamiento en 2024 para convertirse en diputado hasta su elección como alcalde.
Los alumnos de educación infantil eran especialmente vulnerables y casi todos los presuntos autores eran hombres, añadió el regidor, que se comprometió a compartir cada trimestre las estadísticas de los casos y el número de animadores suspendidos.
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