En total, 247 mineros se encontraban bajo tierra en la mina de Liushenyu cuando se produjo el accidente el viernes 22 de mayo a las 19:29 hora local, según la agencia oficial de noticias Xinhua. Se han desplegado en el lugar más de 300 rescatistas y seis equipos nacionales especializados.
En los hospitales de la región, los supervivientes están siendo atendidos por intoxicaciones relacionadas con la inhalación de gases tóxicos, según informa la corresponsal de RFI en Pekín, Clea Broadhurst.
Anteriormente, el presidente chino, Xi Jinping, había instado a movilizar "todos los medios" para atender a los heridos y había pedido que se llevaran a cabo investigaciones exhaustivas sobre el incidente, según informó la agencia Xinhua.
La televisión estatal CCTV, que difundió imágenes de equipos de rescate con cascos y camillas, así como de numerosas ambulancias en el lugar, precisó que las operaciones de rescate "intensivas" continuaban el sábado al mediodía.
Los responsables de la empresa han sido puestos bajo control de las autoridades, ya que la mina ya había sido sancionada en los últimos meses por problemas de seguridad.
Protocolos de seguridad dudosos
La mina de carbón de Liushenyu se encuentra a 500 kilómetros al suroeste de Pekín, en la provincia de Shanxi, uno de los principales centros de la industria del carbón en China.
La potencia asiática es el mayor emisor mundial de CO₂ y el mayor consumidor de carbón, un recurso que considera una solución fiable frente al suministro intermitente de las energías renovables.
La seguridad en las minas chinas ha mejorado en las últimas décadas, al igual que la cobertura mediática de los incidentes graves, muchos de los cuales antes se silenciaban. Pero los accidentes siguen siendo frecuentes en un sector donde los protocolos de seguridad suelen ser laxos.
Solo las minas de carbón dan empleo a más de 1,5 millones de personas.
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