Por Sami Boukhelifa
Desde hace varias semanas, uno de ellos es el centro de todas las preocupaciones: el estrecho de Ormuz. Apenas visible en un mapa, de unos 40 kilómetros de ancho, solo tiene dos vías navegables. Y, sin embargo, casi una quinta parte del petróleo mundial pasa por allí, procedente de las monarquías del Golfo y de Irán. La situación se volvió brutalmente tensa cuando Irán cerró parcialmente este paso estratégico, en respuesta a la agresión israelí-estadounidense. La consecuencia inmediata: petroleros inmovilizados. Y con ellos, una economía mundial bajo presión.
Pero la crisis también es política. En las columnas de The Guardian, el exsecretario de Defensa de Estados Unidos Leon Panetta critica la gestión de Donald Trump. Recuerda que Washington siempre ha sido consciente del riesgo de ver a Irán provocar una gran crisis energética bloqueando Ormuz. Incluso denuncia una forma de falta de preparación, acusando al presidente estadounidense de multiplicar declaraciones contradictorias, entre amenazas, ultimátum y anuncio de negociaciones hipotéticas.
Irán amplía el equilibrio de poder
Mientras tanto, la economía global está bajo presión y las repercusiones económicas ya son visibles: aumento de los precios de la energía, mayores riesgos de inflación, mercados financieros extremadamente volátiles.
La dependencia de los flujos marítimos se manifiesta aquí con toda su fragilidad. Y a nivel militar, Teherán responde golpe por golpe. Con cada ataque a su infraestructura energética, Irán responde atacando a las de Israel o de los países del Golfo, especialmente donde hay bases estadounidenses.
Tras el bombardeo de Natanz, el principal centro de enriquecimiento de Irán, los ataques tuvieron como objetivo Dimona, en el corazón del programa nuclear israelí. Pero, sobre todo, Irán está dejando en suspenso una amenaza más amplia: la de bloquear otro cruce estratégico.
Bab el-Mandeb, la otra barrera marítima
Al otro lado de la península arábiga, entre Yemen y el Cuerno de África, se encuentra el estrecho de Bab el-Mandeb. Este corredor es esencial para el comercio entre Asia y Europa. Sin embargo, la costa yemení está mayormente controlada por los rebeldes hutíes, apoyados por Irán. Estos últimos, los hutíes, ya han demostrado su capacidad para interrumpir la navegación en la zona.
Un bloqueo simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb sacudiría toda la economía mundial. Porque este pasaje conduce directamente a otro centro nervioso: el Canal de Suez. Como los otros “chokepoints”, es tanto vital como vulnerable.
Un ataque de dron, una mina o incluso un simple accidente pueden ser suficientes para detener la máquina. En 2021, el buque portacontenedores Ever Given encalló allí, bloqueando cientos de barcos y paralizando el comercio global durante varios días.
La dependencia a los “chokepoints” parece ser estructural. Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez, pero también el estrecho de Malaca, entre Malasia e Indonesia, utilizado cada año por casi 80.000 barcos. Todos ilustran la misma realidad: el comercio internacional se basa en un puñado de pasos estrechos, difíciles de asegurar y extremadamente vulnerables a las crisis.
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