Desde la Sierra Oeste de Madrid
Después de días de incertidumbre y de angustia, miles de personas vuelven por fin a sus pueblos, a los hogares que tuvieron que abandonar porque el fuego llamaba a sus puertas. Pilar, vecina de Pelayos de la Presa — en la zona cero de los incendios—, lleva grabado en su memoria el momento en que las llamas lo arrasaron todo. "Las llamas entraban por ahí abajo y arrasaron todo lo que teníamos ahí se ha quemado. Ese día ya dije: se acabó. Lo hemos perdido todo", relata con voz quebrada. "Yo pensaba que no volvía a ver la casa. Fue duro. El viernes fue muy duro. Es una pena".
José, vecino de Aldea del Fresno, tuvo más suerte. Su casa no sufrió daños, pero durante los días que estuvo evacuado, no podía evitar pensarlo. "El miedo que teníamos era ese: que llegase el fuego al pueblo y nos quedáramos sin casa. Llevas toda una vida luchando para tener una casa y, en cuestión de segundos, quedarte sin nada es muy triste", confiesa.
Pero no son solo las casas, son kilómetros y kilómetros de naturaleza calcinada, tierra cubierta de ceniza y árboles sin vida que aún sobrevuelan los helicópteros de los equipos de emergencia. Un paisaje ahora irreconocible para quienes, como Paula, han crecido junto a él. "Mis recuerdos eran ahí enfrente con mi perra, y ver todo eso achicharrado por donde yo he andado… Es demoledor para el corazón. No es solo la devastación que ves, sino el sufrimiento que sientes", explica con tristeza.
Entre el dolor, hay espacio para el agradecimiento. Vecinos como los representados por el testimonio de Naiara destacan la labor de los equipos de emergencia: "Gracias a la UME, a los Bomberos, a la Guardia Civil, a la Policía Local… Incluso nos dejaron subir en el camión de los bomberos a muchos niños", comenta con emoción.
Es posible que niños y niñas como Naiara vean este sitio verde de nuevo en el futuro, siempre y cuando tragedias como ésta sirvan para evitar que vuelvan a repetirse.
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