RFI. Sophie Adenot usted es la primera astronauta francesa en hacer una caminata fuera de la Estación Espacial Internacional (EEI) y la segunda mujer europea. Es ngeniera de formación y antigua piloto de pruebas. Acaba de realizar una misión de casi seis horas y media junto con la estadounidense Anil Menonlos. La misión era sustituir una antena que permite a la EEI comunicarse con el centro de control de la misión en Houston, dijo la NASA. Usted ha realizado dos caminatas espaciales en apenas una semana para operaciones de mantenimiento. Sabemos que es algo físicamente muy exigente. Mi primera pregunta es muy sencilla: ¿cómo se siente?
Psicológica y mentalmente me siento muy bien. Ahora sí, misión cumplida. Conseguimos reparar esa antena a pesar de todos los problemas que tuvimos con los conectores eléctricos, los tornillos, etcétera. Sinceramente, acumulamos todos los contratiempos mecánicos que uno pudiera imaginar y, aun así, lo logramos. La nueva antena está instalada. Los equipos ya comenzaron las primeras pruebas, aunque todavía esperamos los resultados definitivos. Esperamos que sean satisfactorios. Por el momento, todo parece marchar bien. Así que, psicológica y mentalmente, es una gran victoria. No fue fácil, pero lo conseguimos entre todos: los equipos de Houston que nos guiaban, los equipos de la estación, Jacques y Jessica, que manejaban el brazo robótico y nos ayudaban a prepararnos por la mañana y a quitarnos el equipo por la noche. Y, por supuesto, junto a Anil, con quien formé un equipo muy sincronizado. Logramos trabajar de manera muy coordinada.
En el plano físico, claro que estoy un poco adolorida. El día después de una caminata espacial, creo que es bastante normal. El traje espacial es una bestia que hay que dominar. Es enorme, pesado, y cada movimiento resulta agotador. Cada movimiento del brazo o de la mano, incluso sostener un objeto, representa un gasto de energía increíble. Así que sí, para ser sincera, estoy algo adolorida, pero no es grave, se me pasará.
RFI. Cuéntenos el momento en que se abre la compuerta y, por primera vez, da sus primeros pasos en el espacio. ¿Qué se siente? ¿Esas sensaciones correspondían a lo que había imaginado?
Sí y no. Cada persona vive la experiencia a su manera. Yo me había preparado recopilando testimonios de distintas personas para entender lo que habían sentido. Entre la primera y la segunda caminata espacial, lo viví de manera diferente. La primera fue una alegría inmensa. Realmente: “¡Guau, ya está, la compuerta se abre, estoy aquí!”. Pero también había algo de aprensión porque es un gran salto hacia lo desconocido, por decirlo así. Mucha alegría mezclada con cierta inquietud. La segunda caminata espacial fue distinta. Como era la continuación de la primera, durante la cual habíamos tenido muchísimos problemas técnicos, existía cierta presión. Queríamos de verdad conseguir instalar la nueva antena. Pero a veces la mecánica nos juega malas pasadas. Para manejar esa situación me apoyé en los consejos de Claudie, quien me envió un correo electrónico la víspera. Me dijo: “Sophie, confía. Confía en los equipos, en todo lo que has aprendido, en los procedimientos. Confía en los cables que te unen a la estación, confía en el cable que une las herramientas a tu bolsa”. Me aferré realmente a ese consejo. Le estoy muy agradecida. Cuando se abre la compuerta, uno se dice que ha llegado el momento de confiar en todo lo aprendido. Los equipos están listos, nosotros también. Así que, ¡vamos allá!
RFI. Al final, ¿el hecho de haber terminado esta misión en dos caminatas espaciales en lugar de una sola, como estaba previsto inicialmente, no le produce algo de frustración? ¿O, por el contrario, fue una oportunidad de hacer dos salidas en lugar de una?
Ninguna frustración. Con todos los problemas técnicos que encontramos, es casi un milagro haber conseguido completar todo en solo dos salidas. Tuvimos toda clase de inconvenientes imaginables: conectores eléctricos, pernos, etcétera. Los equipos habían preparado una treintena de páginas con escenarios de contingencia y terminamos enfrentándonos a casi todos. Al final, pienso que fue todo un logro haberlo conseguido en dos caminatas y además terminar con un equipo que funciona correctamente. Así que prefiero quedarme con lo positivo.
RFI. Estamos terminando un verano marcado por numerosos récords, especialmente en Europa, con temperaturas extremas e incendios de gran magnitud. Desde donde se encuentra, ¿hasta qué punto percibe visualmente las consecuencias del cambio climático? ¿Podría darnos algunos ejemplos concretos de lo que observa?
Efectivamente, ese cambio climático, o al menos estos veranos más secos y más cálidos, se ven de manera evidente. Lo que más me impresionó fue el cambio de color de Francia. Despegamos en febrero, cuando el país era, en general, verde. Desde el verano, todo se volvió gris y amarillo, como un enorme campo de trigo ya cosechado. Ese cambio de color del territorio es realmente impactante. La segunda cosa son los incendios. Se ven, pero sobre todo se distinguen las inmensas columnas de humo. Cuando hay viento, se observan con claridad las largas estelas que transportan ese humo. También se ven los lagos que se están secando. El ejemplo más llamativo es el mar de Aral. Se le ve encogerse muy rápidamente. En algunas zonas donde el agua ha desaparecido, se observa cómo la vegetación ha vuelto a ocupar el terreno. También vi algo que realmente me sorprendió. No pensaba que pudiera verlo desde allá arriba: islas inundadas. En algunos atolones se distingue una fina capa de agua y uno adivina que probablemente había una isla debajo hace apenas unos años. Sí, las consecuencias del cambio climático se ven con toda claridad desde el espacio.
RFI. El final de su misión se acerca. ¿Es ya el momento de hacer un primer balance? Y, de ser así, ¿qué balance hace de esta primera experiencia en el espacio?
Hasta ahora el balance es muy positivo. Hemos logrado llevar a cabo prácticamente todos los experimentos científicos previstos. Hemos cumplido casi todos los objetivos fijados. Todavía quedan algunos de aquí al final de la misión y al regreso a la Tierra. También están las caminatas espaciales y el hecho de haber podido transmitir a los franceses, y más ampliamente a todos aquellos que quisieron escuchar, lo que estoy viviendo aquí en el espacio. Si eso puede despertar vocaciones, me sentiré muy feliz. El balance final todavía está por hacerse, pero desde mi punto de vista, habiéndolo vivido desde dentro, es una experiencia extremadamente positiva.
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