Por Nafi Alibert, corresponsal de RFI en Montreal
Mientras Donald Trump mostraba la fuerza estadounidense en las redes sociales, Mark Carney estaba esta semana en París, con un tono muy parecido al de los europeos. La caída de la dictadura venezolana fue bien recibida, pero hubo silencio absoluto sobre la intervención militar. Esto es lo que parte del público le reprocha. Para algunos, es una cautela calculada, porque con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte acercándose, no quiere dar a Donald Trump munición para gravar más a Canadá.
La oposición conservadora, en cambio, le acusa de ser "letárgico", con una preocupación muy clara: el petróleo. Teme que Trump convierta a Venezuela en la "gasolinera exclusiva" de Estados Unidos. De ahí su petición para la rápida aprobación de un oleoducto hacia la costa del Pacífico para abrir nuevos mercados, especialmente en Asia. Los expertos, por su parte, estiman que Venezuela tardará años en recuperar su producción, y que Canadá sigue siendo, por el momento, un proveedor más estable.
Ottawa, firme sobre el asunto Groenlandia
Mientras Donald Trump vuelve a hablar de adquirir Groenlandia, "por la fuerza si es necesario", el tono de Ottawa está cambiando y volviéndose firme sobre el tema. Mark Carney recordó que el futuro de Groenlandia pertenecía a Dinamarca y a los groenlandeses, y punto.
Para respaldar sus palabras, Canadá anunció que abriría un consulado en Groenlandia en febrero. Será inaugurado por la gobernadora general de Candán Mary Simon, la primera persona de ascendencia inuit en ocupar el cargo, un gesto simbólico a través del cual Canadá envía un mensaje: el Ártico es una zona de cooperación entre naciones soberanas y pueblos indígenas, no un área que se pueda redistribuir según sus ambiciones.
¿Debería Canadá temerle a Trump?
Bob Rae, exembajador de Canadá ante la ONU, resume la situación con una imagen reveladora: Donald Trump acaba de lanzar "un nuevo juego global de adivinanzas: ¿quién será el siguiente?" Según él, "Canadá está en el menú" de la presión estadounidense.
Esta semana, en el diario quebequés Le Devoir (el deber), varios analistas también creen que la soberanía canadiense podría ponerse a prueba, especialmente en el Ártico, alrededor del Paso del Noroeste, que Washington no reconoce plenamente como aguas canadienses. Nadie imagina una invasión, pero la presión sobre la soberanía canadiense es real y Ottawa está vigilando la situación muy de cerca.
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