Cuando España entra en la Unión Europea, el horizonte es un sueño de prosperidad. Pero la crisis financiera del 2008 convierte ese sueño en pesadilla alimentando una rabia que se extiende hasta hoy por toda Europa. El periodista Antonio Rodríguez Castiñeira se fija particularmente en Galicia y toma como guía a John Steinbeck, autor de ‘Las uvas de la ira’, cronista de la crisis del 29 en Estados Unidos, que contó la “gran depresión”.

“Yo cuento la gran recesión”, precisa Antonio Rodríguez, quien cubrió en los pasillos del Fondo Monetario Internacional y después desde el terreno con pescadores, obreros, jubilados que sufrieron luego en carne propia las consecuencias directas de los reajustes para salvar a los bancos responsables de la crisis.

La pregunta es quién se equivocó. Para el periodista nacido en Galicia una parte de la responsabilidad la tienen los periodistas: “Yo anduve por las cumbres económicas de aquel momento. Estuve en Nueva York, cuando la quiebra de Lehman Brothers, el banco que hizo estallar la crisis,  y lo que los periodistas contamos en aquel momento fueron los remedios que nos daban las instituciones internacionales , y no hablamos de las condiciones o los riesgos para la gente”

La factura humana de los subprimes

“Lo que cuento en este libro es el aspecto humano de las consecuencias de la crisis. O sea, cómo efectivamente para los jubilados, el Estado va a aumentar los impuestos para que paguen más. Los agricultores van a tener sus dificultades, los pescadores van a tener que emigrar, como la generación de mis padres en los años 60. Muchos españoles y gallegos en concreto van a tener que volver a emigrar como en los años 60, y eso es lo que me enfada en ese momento”, agrega.

Efectivamente, el road trip de Antonio Rodríguez lo lleva de Galicia, región profundamente afectada por la crisis, hasta Suiza donde sus padres emigraron unas décadas antes. Este viaje sigue el camino de Compostela que el autor reivindica como un camino de migración, “es el camino que siguieron mis padres, es el que seguíamos cada verano para ir de vacaciones a Galicia y es el camino de la nueva emigración después de la crisis. Es nuestra ruta 66”

En las páginas de este libro se lee mucha nostalgia, mucha morinha como se dice en gallego, pero también mucho enojo. Cuando se lee la desolación de los ganaderos o de los pescadores es imposible no hacer un paralelismo con 2026: el acuerdo con el Mercosur ha sacado al agro a la calle. ¿No aprendimos nada de esa crisis de la que Europa tardó años en recuperarse?

“Efectivamente no hemos sacado las conclusiones del impacto de la crisis financiera. Durante ese viaje me acerco a mineros en la región de León, en España, que están desempleados y con los brazos cruzados y ven pasar por el pueblo carbón importado desde el extranjero. Veo agricultores que también están amenazados porque el libre comercio le permite a la competencia europea, en este caso, llevar quesos o leche que se vende a pérdida. Esto me lo cuenta Dominique Strauss-Khan, patrón del FMI en ese entonces, me dice que la gestión de la crisis está totalmente desequilibrada y que las ayudas iban solamente al sector financiero”, recuerda el autor.

El rescate financiero que olvidó a las personas

Otros protagonistas de la crisis hicieron un mea culpa, han admitido que fue un error enfocar las ayudas en los bancos y no en los ciudadanos, que pagaron un precio altísimo para mantenerlos a flote con un rigor económico que lindaba con lo sádico.

Para el periodista de la Agencia France Presse ese mea culpa no sirve de nada y el riesgo sigue latente porque en ese momento se adoptan medidas para reducir el gasto muy pronto. Estados Unidos sale de la crisis “con una forma de U, o sea cae muy rápido y sube rápidamente, mientras que en Europa con esas medidas ideológicas la economía vuelve a caer formando una W”.

Es en gran parte lo que ha alimentado una ira que le da alas a la extrema derecha. “Hay un descontento con los partidos tradicionales, apunta, que fueron los que manejaron la crisis tanto derecha como los socialistas, y ese descontento se traduce por un voto más radical, a veces hacia la extrema izquierda, pero a menudo el que saca ventaja es la extrema derecha. Y es ahí donde no se sacaron las lecciones de la crisis de Lehman Brothers y de la crisis financiera.”

‘Los caminos de la ira’, Les chemins de la colère, en la editorial Bayard.

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