RFI: ¿Cuál es el balance de la situación hoy en su departamento, señora gobernadora?
Tenemos, a este punto, información preliminar. Este fue el reporte de situación número 13 a comienzos de esta semana: 13 personas fallecidas, 310 personas heridas, cero personas desaparecidas, 12.317 personas y familias damnificadas, y 8.820 familias afectadas.
El número de personas damnificadas sería de 25.547 y el número de personas afectadas sería de 43.858. Ya subimos a 29 municipios afectados, pero vamos a llegar a 30 porque el municipio número 30 ya hizo el reporte. Hoy logró comunicarse.
Hay 3.138 viviendas destruidas. Esto es a lo que vamos de la actual verificación. O sea, como te digo, apenas llevamos más o menos un 50% de visitas. Y hay 19.186 viviendas averiadas, casi 20.000 viviendas; además, unos diez puentes vehiculares afectados y 267 instituciones educativas, escuelas y colegios. Ese es el reporte número trece.
RFI: ¿Falta mucho para terminar una evaluación completa de la situación?
No hemos podido terminar de evaluar los daños. Estamos justamente en ese proceso. Yo calculo que, a este punto, estamos apenas en un 50%.
RFI: ¿Cuál es el mayor desafío para terminar de hacer la evaluación? ¿Es la conectividad con estas comunas rurales que están muy aisladas?
La principal dificultad es la condición rural dispersa del departamento del Chocó. Tenemos 29 de nuestros 31 municipios afectados en las cinco subregiones del departamento, el cual tiene 47.000 kilómetros cuadrados. Comprende todo el norte de la región pacífica colombiana. El sur corresponde a tres departamentos más. Nosotros solos somos todo el norte de la región pacífica colombiana. De hecho, somos el único departamento del país que tiene acceso a dos costas, a dos mares: al océano Pacífico y al mar Caribe, ya que tenemos toda la frontera con Panamá y Centroamérica.
Es un departamento muy largo, muy extenso y donde, además, no hay accesos de comunicación terrestre en un porcentaje muy importante. Hay dos vías de acceso terrestre desde el centro del país hasta Quibdó, la capital. Pero Quibdó está justo en el centro del departamento, bastante alejada de las regiones. Solamente una subregión tiene acceso por vía terrestre: la subregión del San Juan, que está al sur, donde fue el epicentro de esta situación.
RFI. ¿Cómo es el acceso a esa zona?
Para acceder hoy a San José del Palmar, que fue el epicentro, hay que salir del departamento del Chocó y entrar por el norte del Valle del Cauca. Tenemos toda la costa pacífica, la zona litoral, a la que solamente puedo llegar por vía marítima porque no tenemos carreteras hacia la zona costera. A la zona del Baudó solamente puedo llegar por río. A la cuenca media y baja del San Juan solamente puedo llegar por vía fluvial. A las zonas de la cuenca media y baja del río Atrato solamente puedo llegar por vía fluvial. Y a las zonas costeras del Caribe solamente podría llegar por vía marítima.
Para llegar por vía marítima a mi costa pacífica tengo que dar la vuelta por el Eje Cafetero, por el Valle del Cauca, llegar al puerto de Buenaventura y, ahora sí, embarcarme para poder llegar a mi propia costa.
Eso es lo más difícil. Eso y que nosotros no contamos con el volumen de técnicos y profesionales en ingeniería, arquitectura y geología que permita, con la experiencia técnica en procesos estructurales y sísmicos, ir más rápido y distribuirnos por todo el departamento.
Entonces, ¿qué hemos tenido que hacer? Solicitar apoyo y donación de tiempo de profesionales del país para que puedan venir al departamento del Chocó y conformar las cuadrillas, porque esta evaluación no la hace cualquier profesional. Por ejemplo, no la hacen los funcionarios de las alcaldías que viven en el territorio. Esto lo tienen que hacer expertos en ingeniería estructural. Llevar estos expertos hasta allá para realizar la evaluación ha implicado también un desarrollo logístico importante.
RFI: ¿Han podido comunicarse con todas las comunas del Chocó? ¿Ha podido llegar ayuda y rescatistas a todas las comunas afectadas del departamento?
Hemos podido tener comunicación con todos los municipios y todas las regiones del departamento del Chocó. Esa fue nuestra principal dificultad durante esta semana con algunos de ellos.
En los lugares donde no tuvimos comunicación, hicimos visitas presenciales y logramos recuperar la conectividad con algunos sistemas alternativos de comunicación satelital y plantas eléctricas, porque perdimos durante muchos días servicios fundamentales y esenciales para la comunicación en emergencia, como el fluido eléctrico y la conectividad.
Dentro de esta situación, lo que ha sido más difícil para los municipios es la intermitencia tanto de la energía eléctrica como de la conectividad. Eso les ha impedido mucho hacer los reportes. En Colombia hay un sistema que establece que los reportes se hagan de manera oficial en una plataforma. Eso es muy difícil para los territorios que están incomunicados.
Pero hoy ya sabemos con certeza que no tenemos desaparecidos y que la fase de búsqueda y rescate la cerré a las 48 horas, cuando terminamos de manera muy eficiente todas las labores con el apoyo de los rescatistas que teníamos. De manera responsable, solicitamos que esos rescatistas fueran redireccionados a otros lugares del país donde todavía estaban en fase de búsqueda y rescate.
Al día siguiente, es decir, a las 72 horas, ya comenzamos la fase de asistencia humanitaria. Hemos estado desplegando ayuda humanitaria de emergencia, alimentos, agua y elementos de aseo. Ya hemos logrado llegar a 20 de los 29 municipios reportados hasta ahora.
Y en Quibdó, nuestra capital, donde está la mayor afectación por sus volúmenes y dimensiones, hemos estado apoyando también la asistencia humanitaria y desplegando equipos técnicos para la evaluación, que nos permitan empezar a mapear la recuperación y la reconstrucción.
RFI: ¿Cuál es la mayor necesidad en estos momentos?
Sin duda, anticipar la fase de recuperación. Por ejemplo, empezar algunas refacciones, reparaciones y reconstrucciones. En el Chocó eso es obligatorio porque no contamos con las mismas condiciones que el resto del país.
Voy a poner dos ejemplos muy simples. El primero: mientras que en otras partes del país, si las escuelas están destruidas, se puede empezar un modelo flexible de educación virtual, como ocurrió durante la pandemia en muchos lugares del mundo, en el Chocó no podemos porque no contamos con conectividad digital. No tenemos internet en muchas de las zonas rurales afectadas, ni siquiera en algunos municipios urbanos afectados.
De manera que sería realmente muy complicado implementar a estas alturas del año un modelo de educación virtual cuando no tenemos las condiciones estructurales para hacerlo. Así que, si no queremos que los niños pierdan el año, es muy urgente reconstruir las escuelas del Chocó.
El segundo ejemplo son las viviendas. Mientras en otros lugares de Colombia existe un contexto urbano que permite acceder al subsidio de arrendamiento para las familias damnificadas, en el Chocó no hay excedentes de vivienda; al contrario, ahora hay déficit porque muchas fueron destruidas por el sismo.
Entonces, realmente no es que las familias no puedan ir a buscar un arriendo con un subsidio; es que no van a encontrar viviendas para arrendar. Esto ocurre incluso en la capital. En los municipios, definitivamente no hay viviendas para arrendar.
Por eso es mucho más urgente comenzar cuanto antes la fase de reconstrucción, reparaciones y rehabilitación de entornos habitacionales. También hay que empezar a pensar en una modalidad de albergues para los casos más demorados, albergues más unifamiliares y con vocación de permanencia durante varios meses.
Con mucha probabilidad tendremos que resolver el déficit habitacional mientras se logra, por ejemplo, la reconstrucción de las viviendas totalmente destruidas.
Por eso hemos puesto énfasis en comenzar a recaudar materiales y desarrollar tipologías de intervención. Algunas se podrán hacer mediante autoconstrucción guiada y otras con reparaciones menores. Lo importante es empezar a rehabilitar el mayor número posible de viviendas que tengan condiciones para ello, porque es urgente volver a tener viviendas a disposición de la gente, incluso antes de la reconstrucción definitiva.
RFI: ¿Cuánto estima que dure la reconstrucción?
Aunque hay algunos antecedentes en Colombia, nosotros en el Chocó no hemos tenido que pasar por esto jamás. La reconstrucción de Mocoa tomó nueve años y era un escenario acotado. La reconstrucción de Providencia tomó unos cuatro años y era una isla pequeñita. La reconstrucción tras el terremoto del Eje Cafetero también tomó una cantidad importante de años.
Yo creo que nosotros no podemos darnos ese lujo por las condiciones estructurales y de vida que tiene el departamento del Chocó, por el acceso a servicios y, sobre todo, por la condición de máxima vulnerabilidad socioeconómica de la gente.
Estamos hablando de un departamento que tiene los indicadores de pobreza multidimensional, pobreza monetaria, desempleo e inseguridad alimentaria más altos del país. Son personas que no pueden levantarse solas, sin apoyo.
Además, mientras más se demore la reconstrucción, peores condiciones de vida van a tener durante más tiempo, porque aquí no se accede a los mismos servicios que en otros lugares afectados y con contextos urbanos diferentes.
Así que realmente estamos en una carrera contrarreloj. Y sí, creo que, a partir de lo que hemos hecho para ordenar las tipologías de intervención, hay que comenzar cuanto antes.
RFI: ¿Cuándo volverían a clases los niños?
No tenemos un estimado de cuándo podrían volver a clases. Hoy no están dadas las condiciones para regresar bajo ninguna modalidad. Por lo menos durante el mes de agosto no van a poder retornar a clases. Estamos buscando la manera de que puedan regresar en septiembre, si encontramos algún modelo flexible, porque hoy no están garantizadas las condiciones para la virtualidad.
RFI: Para personas que no conozcan tanto el Chocó y Colombia, ¿diría, a su juicio, que el sismo ha afectado de manera especial o específica a las comunidades afrocolombianas por su vulnerabilidad social previa?
Para el país es una tragedia, pero para el Chocó es una catástrofe. Este departamento, que fue el epicentro del sismo, ya tenía antes condiciones de altísima vulnerabilidad social y económica, así como una gran precariedad en las condiciones mínimas para el desarrollo y la vida digna de la gente.
Y eso tiene mucho que ver con la desatención histórica, con el abandono histórico del Estado colombiano en estos territorios que son, efectivamente, étnicos, mayoritariamente poblados por afrocolombianos e indígenas.
Hoy eso se ve exponencialmente reflejado en un escenario en el que ni siquiera para responder a la emergencia hemos tenido herramientas mínimas y necesarias, como la conectividad, la energía eléctrica o las vías de acceso. Y eso no se destruyó con el sismo: eso tampoco existía antes.
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