En un referéndum realizado el sábado, una mayoría de islandeses (el 52,8%) dijo "No" a reanudar las complejas negociaciones de adhesión a la UE. Se trata de una píldora amarga para Bruselas, que pierde la oportunidad de dar un nuevo impulso a su ampliación, mientras que sus detractores se felicitan por el resultado.
"En términos estratégicos, el 'Sí' le habría permitido extender su influencia hacia el Atlantico Norte y hacia el Ártico, que es una región clave por sus minerales y tierras raras. Las grandes potencias mundiales, desde los Estados Unidos de Donald Trump hasta la Rusia de Vladímir Putin, ya han demostrado interés por estos recursos naturales. Y China, por su parte, aspira a hacerse con algunas de las rutas comerciales que facilitará el deshielo”, explica Lazaro.
Por otro lado, Islandia ofrecía la posibilidad de "integrar un país con una economía sólida, que se habría convertido en uno de los contribuidores netos al presupuesto europeo. Un 'Sí' incluso podría haber servido de impulso para que Noruega avanzara también hacia la Unión Europea. Pero, por el momento, ni lo uno ni lo otro", agrega nuestra corresponsal.
En lugar de eso, Bruselas proyecta ahora la imagen de que "su capacidad de atracción se limita a países con economías menos boyantes, como los de los Balcanes o Ucrania", concluye Lázaro.
Islandia había solicitado la adhesión a la UE en 2009, pero la negociaciones rápidamente colapsaron y fueron interrumpidas en 2013. Técnicamente, el resultado del referendo del sábado no es vinculante, pero el gobierno de coalición encabezado por la primera ministra, la socialdemócrata Kristrun Frostadottir, prometió respetarlo.
Con información de la AFP
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