Cuando la tierra comenzó a moverse, Patricia Monar estaba en su apartamento en un tercer piso de la ciudad de Cali. El ruido y la fuerza del terremoto la hicieron pensar que no lograría salir con vida.
“Fue terrible, fue demasiado movimiento que no paraba de más y el sonido era como si estuviera abriendo un hueco y la tierra nos se estuviera tragando”.
Su apartamento quedó con fisuras y todavía no sabe cuándo podrá regresar, pero Patricia salió a ayudar, pensó en las personas atrapadas y en lo que ella habría esperado que su propio edificio se hubiera venido abajo.
“Y si hubiese pasado que se me derrumbara el edificio, lo que hubiese pretendido es que alguien no se cansara de sacar escombros, insistiera, quisiera llegar hasta que se me abriera una lucecita y me pudieran sacar. En eso pienso cuando veo personas que todavía están allí metidas”, dice al borde del llanto.
Esa reacción se ha multiplicado por toda la ciudad. Agua, alimentos y elementos de primera necesidad no han dejado de llegar a los centros de acopio. La respuesta ha sido tan grande que algunos espacios alcanzaron su capacidad. Víctor Alfonso Barrera Miranda, secretario de participación ciudadana de Cali, explica que tuvieron que abrir un nuevo punto para recibir las donaciones.
“Ya hemos llegado a nuestra capacidad en términos físicos, por lo cual nos tocó generar un tercer punto de acopio donde está el montaje de la Ciudadela del Petronio (centro cultural) en este momento”, indicó.
Pero la solidaridad también está junto a los escombros. Tiffany Rojas, auxiliar de ambulancia, ha trabajado en algunos de los puntos más golpeados y ha estado acompañando la atención de personas que han logrado ser rescatadas. “Es satisfactorio saber que todo el esfuerzo que se hizo sirvió de algo porque el minuto, los segundos todos cuentan”, explica.
La Cruz Roja también ha recibido una enorme cantidad de personas dispuestas a colaborar. Walter Ricardo Cotes, representante de la Cruz roja Colombia, dice que ahora uno de los desafíos es organizar esa solidaridad para no desbordar la capacidad de respuesta”. Describe la gente como “solidaria, amable, cariñosa y con ganas de ayudar”.
Entre el miedo y el cansancio, la solidaridad se ha convertido también en otra forma de responder a esta emergencia.
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