Angélica Pérez, enviada especial a El Salvador

—¿Aló? ¿Eres la hermana de José Emilio Canizales?

— Sí —respondí, y yo pensé: “Me lo van a dar mañana, me van a decir que vaya a traerlo”.  

— Lamentamos informarte que acaba de fallecer.

La voz al otro lado del teléfono le informó a Mónica que debía recoger el cuerpo de su hermano en la morgue de San Salvador, a dos horas de camino desde su casa en el cantón La Noria.

— ¿Por qué? —pregunté. Y me cortaron.  

En el dictamen médico forense adscrito al Instituto de Medicina Legal de El Salvador reza que José Emilio Canizales Villalta murió en el Hospital Nacional San Rafael, en Santa Tecla La Libertad, el 30 de noviembre de 2023, “a raíz de un edema agudo de pulmón, causa preliminar sujeta a estudios complementarios”.

Mónica no confía en el diagnóstico científico de la muerte de su hermano: “Mi hermano estaba enfermo de los riñones y no de los pulmones. Al menos me hubieran dicho que murió por insuficiencia renal; estaría más tranquila”.

El hermano de Mónica fue deportado desde Estados Unidos y es uno de los más de 400 detenidos fallecidos bajo custodia del Estado salvadoreño durante los últimos cuatro años que el país ha permanecido bajo régimen de excepción.

Cerca del 40 % de los casos se ha utilizado el edema pulmonar como causa genérica de la muerte, afirma René Valiente, director de investigación en Cristosal, la principal ONG humanitaria de El Salvador, que fue obligada recientemente al exilio.

Valiente explica que, a veces, los médicos registran el edema pûlmonar solo como causa preliminar porque faltan estudios para determinarla de forma definitiva.

“Hemos identificado casos en los que los restos de las personas presentan laceraciones en el cuerpo, señales inequívocas de tortura o de golpes que nos hacen pensar que no es del todo precisa esa causa de muerte”.

Estos hallazgos concuerdan con los testimonios recabados por Cristosal de personas liberadas que denuncian la existencia de torturas en el sistema penitenciario salvadoreño.

La responsabilidad del Estado

José Emilio Canizales es uno de los cinco casos documentados por Cristosal de salvadoreños deportados desde EE. UU., capturados al aterrizar en el aeropuerto Internacional San Óscar Arnulfo Romero y fallecidos en las cárceles en medio de la opacidad que caracteriza al régimen de excepción.   

“Las familias no saben ni siquiera de qué se les imputaba, ni en qué estado se encontraban los procesos, si es que había procesos, ni a cuáles tribunales acudir”, subraya Valiente.

Sobre la muerte de José Emilio, el investigados resalta que los documentos oficiales dejan un registro de una muerte natural, pudiendo insinuar con ello que no es responsabilidad del Estado.

“Sin embargo, la obligación del Estado es todavía mayor respecto de estas personas que son más vulnerables. Y el Estado sabe que han entrado al sistema penitenciario con enfermedades crónicas que requieren atención”, precisa.

Detenido en aislamiento

El 7 de agosto de 2023, tres meses antes de su muerte, José Emilio fue deportado desde Estados Unidos, pese a estar en proceso de solicitud de asilo. Mónica y su mamá fueron a recibirlo al aeropuerto internacional Oscar Arnulfo Romero. Pero nunca pudieron reunirse con él.

“Yo nunca habia ido al aeropeurto", dice Mónica." Lo priero que hcie fue preguntar por mi hermano en la estación de la policía. Y les indagué si iba a quedar detenido. Me aseguraron que no. Luego me dijero que siguiera el bus en el que iban todos los deportados para su registro en el Centro de Atención al Migrante”.

Pero, José Emlio no estaba en el Centro de recepcion de Migrantes. En realidad, sí había sido capturado en el mismo aeropuerto. Tras varias horas de busqueda, Mónica y su mamá lograron ubicarlo en el penal de Quezaltepeque, en La Libertad, convertido durante el régimen de excepción en “hospital” donde se remiten a los capturados con padecimientos o enfermedades.

La familia fue privada de todo contacto con José Emilio. No es la única. Desde el inicio de la medida, el gobierno ordenó el aislamiento estricto y encierro permanente de los detenidos en centros penales.

La única vez que lo vieron fue a través de un video de la Fiscalía. “Estaba agachado, esposado y con mascarilla. Y estaba escrito penal de Quezaltepeque. “Lo mostraban como un pandillero de la Mara 18 de Zacatecoluca. Mintieron”, asegura Mónica.

Según ella, su hermano fue detenido en Zacatecoluca por haber sido aerestado en el aeropuerto internacional del El Salvador y trasladado a la estación de policía de ese municipio. “Mi hermano no era de Zacatecoluca como dijeron en el video. Nunca estuvo allí. Nosotros hemos vivido siempre acá en el Cantón La Noria, municipio Jiquilisco, departamento de Usulután”.

Caza de brujas. Opción: Estados Unidos

En 2017, José Emilio, el hermano de Mónica, fue detenido durante una redada de la policía salvadoreña a miembros de las maras o pandillas. 72 horas después fue puesto en libertad y sin cargos. Era inocente.

En marzo de 2022, el gobierno del presidente Nayib Bukele puso a El Salvador bajo régimen de excepción como respuesta a los homicidios perpetrados por los pandilleros. La medida se ha transformado en una política permanente de encarcelamiento masivo y suspensión de todos los derechos constitucionales.

“Cuando impusieron el régimen de excepción no dijeron que todo el que había estado preso sería detenido automáticamente. Solo se iba a encarcelar a los pandilleros. Y todos estuvimos de acuerdo porque se trataba de criminales”.  

Un año después de entrar en vigoe el régimen de excepción, habían sido detenidas 67.000 personas, muchas de ellas de forma arbitraria. Relatores de la ONU, exhortaron a El Salvador a garantizar que las personas no sean arrestadas sin autorización legal suficiente, por la simple sospecha de pertenecer o estar asociadas con una pandilla.

También alertaron de que las medidas vigentes “amenazan con criminalizar a las personas que viven en las zonas más empobrecidas y que han sido blanco de pandillas en el pasado”.

“Mi hermano entró en pánico cuando vimos que se llevaban a gente inocente, sin autorización legal, ni derecho a juicio. José Emilio dijo no quiero estar acá porque voy a ir preso a pagar algo que no debo, que no he hecho. Entonces, se fue para Estados Unidos”. 

José Emilio fue detenido en EE. UU. por entrar de manera irregular y deportado a su país. En enero de 2023 volvió a intentarlo por la vía de la aplicación CBP ONE -derogada dos años después por la administración Trump- que permitía solicitar asilo en la frontera e ingresar legalmente y con un permiso de trabajo temporal mientras la pettición se resolvía en las cortes.

“De tanto intentar, lo aceptaron. Pero el problema fue cuando ya entró al país. Cayó enfermo de los riñones y de la vesícula y lo llevaron a un hospital. El 8 de agosto vino deportado a El Salvador. Y lo detuvieron”, relata Mónica.

A partir de ese momento, la hermana de José Emilio hizo todo lo que estuvo a su alcance por demostrar que él no era un pandillero.

“Me pidieron documentos. Los llevé. Sacar sus antecedentes penales. Los saqué. Buscar adultos que atestiguaran que él nunca había estado en pandilla. Lo hice. Le recordé a la fiscal que ella había hablado con él y, además, había visto que  no tenía tatuajes. Pero, ella me dijo que no estaba en sus manos”.

En la constancia de antecedentes penales de la Dirección General de Centros Penales, con fecha del 15 de agosto de 2023, reza que “José Emilio Canizales Villalta, de 26 años, soltero de profesión u oficio, agricultor, originario de Usulután. A la fecha no posee antecedente penal por sentencia condenatoria, ejecutoria en su contra por imputársele delito”

Quince días después, Mónica recibió la fatídica llamada de las autoridades salvadoreñas.

“Decirme que estaba muerto. Me dolió el alma. No lo supero y no lo voy a superar nunca. Era mi único hermano, mi mamá y papá”, dice entre el dolor y la rabia

Cientos de detenidos muertos bajo régimen de excepción

En su informe "Seguridad sin derechos", Amnistía Internacional (AI) denuncia que hasta diciembre pasado se han documentado "al menos 470 muertes en centros de detención" en El Salvador bajo régimen de excepción. "En varios casos se registraron lesiones incompatibles con las causas oficiales de muerte o indicios de violencia física y negligencia médica", agrega AI.

La oenegé salvadoreña Socorro Jurídico eleva a 547 el número de muertos en El Salvador bajo custodia del Estado y sin haber sido vencidos en juicio: el 31% de los casos se debió a muertes violentas y otro 31% a la falta de atención médica.

“Tras ingresar al sistema penitenciario, muchas personas adquieren enfermedades o se les agravan las que ya tenían antes”, afirma René Valiente.

El investigador de Cristosal precisa que no solo el Estado no genera las condiciones de salubridad en las prisiones, sino que ha abandonado su obligación de velar por la salud de los detenidos y proporcionarles acceso a servicios de salud idóneos y oportunos.

“Hemos documentado casos de familias que han intentado proporcionar los medicamentos y el Estado no se los recibe o no se los entrega. Tenemos un porcentaje de personas que han fallecido, incluso, en tránsito hacia los hospitales”, sostiene Valiente.  

RFI

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