Por la corresponsal de RFI en Brasil
En el barrio de Pinheiros, al oeste de São Paulo, los alumnos pintan la fachada de su escuela para preparar las festividades del Mundial. Acaba de darse a conocer la lista de jugadores convocados para la competencia y Neymar figura en ella, lo que ha provocado un gran entusiasmo en el país. El jugador es muy popular, pero su presencia en el Mundial estaba lejos de ser segura.
Sin embargo, Julio, de 13 años, no se alegró especialmente al ver la convocatoria del delantero, máximo goleador de la historia de la selección brasileña: "Ya no es tan buen jugador, creo que se debería haber convocado a jóvenes que se destaquen, no solo a los que han sido buenos en el pasado".
Junto con su compañero Gil y su clase, concibieron la obra que toma forma en las paredes de su escuela como una crítica social. "Hay un motivo en el que hemos reunido varios símbolos: hay una cruz, un dólar y un balón. Hablamos de estos tres temas. El fútbol es como una religión, y mueve mucho dinero", explica Gil.
Además de la falta de resultados de la selección brasileña, la omnipresencia del dinero es precisamente uno de los temas que aleja al fútbol de los aficionados, según su profesor de artes plásticas, Víctor: "El fútbol va más allá del campo, del negocio o de la corrupción que se encuentra en todos los sectores. Creo que hay que recordar ese sentido de comunidad y amistad propio del fútbol".
En este año electoral, aunque les cueste creerlo, los brasileños reconocen que una victoria de Brasil podría hacer olvidar las tensiones, aunque sea momentáneamente.
Compartir esta nota