Hezbolá ha ignorado por completo la medida del Gobierno libanés y, por el contrario, ha aumentado el uso de su poder de fuego. Sin embargo, las autoridades han encargado a las fuerzas armadas que apliquen la decisión de prohibir su rama militar, según informa nuestro corresponsal en Beirut, Paul Khalifeh.
Pese a ello, el jefe del ejército, el general Rodolphe Haykal, ha expresado su rechazo indirecto a esta misión, que considera casi imposible. En una reunión con los oficiales superiores, reafirmó que el proceso de desarme debe comenzar con la retirada israelí del Líbano y el cese de las violaciones de la soberanía libanesa por parte de Israel.
El jefe del ejército es realista. Es consciente de que cualquier intento de desarmar a Hezbolá por la fuerza podría conducir a dos escenarios: o bien a la desintegración del ejército, cuyo 30 % de los oficiales y soldados son chiítas, o bien a una guerra civil.
Esta postura le valió las críticas de parte de la clase política y algunas voces pidieron su destitución. Sin embargo, Rodolphe Haykal recibió el apoyo de Joseph Aoun. Tras haber dirigido el ejército durante nueve años, el presidente conoce perfectamente la realidad sobre el terreno y las complejidades del sistema confesional libanés.
Entretanto, el gobierno libanés afirmó este martes que casi 760.000 personas se han registrado como desplazadas desde el estallido de la guerra entre Israel y el grupo proiraní Hezbolá.
El número total de personas que se registraron en una página web del Ministerio de Asuntos Sociales alcanzó 759.300, incluidas 122.600 que se alojan en refugios gubernamentales, informó la unidad de gestión de desastres.
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