¿Cómo analiza usted lo que está pasando estos días en Francia? Se ha hablado de que son los mayores disturbios que ha habido en el país en décadas. ¿Lo ve usted así?
Yo creo que eso es algo que retrata, en un cierto modo, una gran rabia acumulada en este país especialmente por dos motivos. El primero, es un derrumbe cada vez más importante de todo lo que tiene que ver con los servicios públicos. Los chavales que están en las calles están ahí manifestando porque no tienen medios ni para estudiar y, por otra parte, una falta absoluta de escucha de parte del Gobierno.
El fin de semana hemos visto cómo se producían manifestaciones pacíficas y, al margen, disturbios violentos. ¿Cuál es el perfil de estas personas, de estos alborotadores?
Realmente, no es que hay de un lado los buenos y de otro lado los malos. Hay muchos buenos manifestantes que, en un contexto particular se pueden convertir en gente mala porque están en una desesperación tremenda de no ser escuchados, porque experimentan una violencia policial brutal y ahí entran en dinámicas de escalada que explotan ahí de manera brutal. Entonces yo creo que sería un error decir que, y eso es algo muy común y que se ha hecho a lo largo de la historia en los movimientos sociales, intentar separar lo bueno de los malos.
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¿Por qué tanta violencia contra los pequeños comerciantes?
Yo creo que el problema es que cuando la rabia, cuando la violencia explota, no se controla. Es una explosión, es una dinámica en que la gente se venga un poco de todo. Es muy interesante de ver que lo que concentra el odio y la rabia es el gobierno y la figura de Macron en particular, porque Macron es alguien que se ve en la manifestación como alguien que ha brutalizado el país. Y después, una vez que ya la ira está, pues la destrucción es como una espiral también de que la gente goza. Hay un placer de la destrucción. Cuando una vez que se ha lanzado contra la policía, ha empezado contra las instituciones, es muy difícil pararlo. Obviamente hay una violencia oportunista en esto. Hay gente que va a saquear tiendas de teléfonos, por ejemplo, para robar un teléfono. Pero yo creo que ahí tenemos una cosa de la multitud que se embriaga en su propia violencia, en su propio movimiento y que es muy explosiva y destructiva.
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