Por Daniel Vallot
Habrá aviones en el cielo de Moscú, pero no habrá demostración de fuerza ante las murallas del Kremlin este 9 de mayo de 2026. Una situación sin precedentes que va en contra de toda la política conmemorativa de Vladimir Putin desde que está en el poder, con la glorificación del pasado soviético y, en particular, de la victoria contra los nazis -que resulta ser una de las justificaciones de la guerra en Ucrania-. Sin embargo, es precisamente la guerra en Ucrania la que impedirá que los blindados hagan vibrar los adoquines de la Plaza Roja, ya que las autoridades rusas temen que los drones ucranianos perturben el desfile. Esto supone en sí mismo una pequeña victoria para Kiev y, sobre todo, una terrible muestra de debilidad en este día en el que se supone que tanto las autoridades como los ciudadanos rusos deben celebrar el poderío militar del país. Más allá del simbolismo, ¿es esto una señal de que Rusia está cediendo en este conflicto que se prolonga? Es evidentemente tentador llegar a esa conclusión, sobre todo porque, por primera vez desde el fracaso de su contraofensiva en 2023, el ejército ucraniano está logrando recuperar terreno. Al menos según los datos recientes del Instituto para el Estudio de la Guerra. Es cierto que estas ganancias son meramente cosméticas: ¡el 0,02 % del territorio ucraniano! Pero esto demuestra que Rusia no logra avanzar y que Ucrania, a pesar de las deficiencias del apoyo estadounidense, está haciendo más que resistir el impacto.
Una caída de popularidad sin precedentes
En esta primavera boreal de 2026 surge otro motivo de preocupación para Vladimir Putin: su índice de popularidad está en claro retroceso desde principios de año. Según el instituto oficial de sondeos VTsIOM, la tasa de aprobación del presidente ruso ha pasado del 75 % en febrero al 65 % en abril, una caída sin precedentes desde el inicio de la "operación militar especial", la invasión a gran escala de Ucrania lanzada en febrero de 2022. Cifras que hay que tomar con cautela, ya que la calidad de las encuestas en Rusia sigue siendo cuestionable, pero que reflejan una realidad: la popularidad del presidente ruso se desmorona, inexorablemente, desde principios de año. Algo preocupante para el Kremlin a cinco meses de las elecciones legislativas, aunque estas, evidentemente, estén amañadas.
Se pueden aducir varias explicaciones para este bache. En primer lugar, el cansancio ante la guerra, cuyo impacto se deja sentir un poco más cada semana debido a las incursiones de drones ucranianos y a los ataques "en profundidad" contra las instalaciones petroleras rusas. En segundo lugar, una economía rusa en dificultades, según admiten los propios responsables económicos. El bonus petrolero provocado por la guerra en Oriente Medio y la "sorpresa divina" que ha supuesto la subida de los precios de la energía aliviarán sin duda las finanzas públicas rusas, pero los fundamentos siguen siendo malos y los ciudadanos rusos lo están pasando mal, ya que deben soportar una fuerte inflación, el aumento del IVA y unos tipos de interés que siguen siendo muy elevados (14 %).
Por último, y, sobre todo, son las restricciones al uso de Internet las que provocan el malestar. Numerosas aplicaciones están bloqueadas por motivos de seguridad, incluido Telegram, la aplicación de mensajería preferida de los rusos. Esto penaliza la vida cotidiana, lastra la vida económica y el resultado es un descontento que se extiende por todo el país… incluso entre los partidarios del régimen.
El "buen zar" y los malos consejeros
A esta erosión de la popularidad de Vladimir Putin se suma otro fenómeno: la multiplicación de posiciones abiertamente críticas en las redes sociales. Videos que tienen un impacto sin precedentes en la Rusia de Vladimir Putin -al menos a partir de 2022-. La más impactante ha sido la de Viktoria Bonia, una antigua estrella de los reality shows, que se ha expresado con dureza sobre la situación interna del país, ¡aunque ella misma vive en Mónaco! Pero no se trata en absoluto de cuestionar la guerra o a Vladimir Putin: en estos vídeos virales se trata de "abrirle los ojos" a un dirigente ruso que sería benevolente, pero "engañado" por sus asesores… En resumen, un viejo clásico de la política rusa. Algunos observadores consideran, por otra parte, que estos videos no tienen otro objetivo que servir de pararrayos para el presidente ruso, y que incluso podrían estar teledirigidos por el Kremlin.
No obstante, este discurso refleja una realidad: Vladimir Putin está cada vez más aislado del mundo exterior. Y volvemos al punto de partida de esta crónica: el temor a los drones ucranianos, que empuja al presidente ruso a reforzar su seguridad y a aislarse aún más. Vladimir Putin es un hombre que lleva mucho tiempo viviendo recluido en un búnker, especialmente desde la pandemia de la COVID-19. Pero esta tendencia se ha acentuado aún más en los últimos meses, y las apariciones oficiales y públicas del presidente ruso se han vuelto cada vez más escasas. Una última muestra de debilidad para un Vladimir Putin que se supone que encarna la estabilidad y el poder.
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