Abelardo de la Espriella ya es oficialmente presidente de Colombia. Este viernes, el nuevo mandatario asumió el cargo por un periodo de cuatro años, en una ceremonia celebrada en Cali, rompiendo con la tradición política del país, y que estuvo cargada de simbolismo.
La decisión de De la Espriella de trasladar la ceremonia a Cali no es casual. La ciudad ha sido duramente golpeada en los últimos años por la violencia y los ataques de grupos armados, sin embargo, su presencia no es del todo bien recibida en una ciudad históricamente bastión de la izquierda. Subido a un escenario, el ultraderechista reforzó su mensaje: una política de seguridad basada en la confrontación directa con las organizaciones criminales. "Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad", afirmó el mandatario, dejando claro que enfrentará "sin tregua al narcoterrorismo", descartando continuar con las negociaciones de paz con los grupos armados. "La opción de diálogo está completamente agotada", insistió.
Una investidura con fuerte presencia militar
Después del acto protocolario ante el Congreso, De la Espriella se trasladó en helicóptero hasta una guarnición militar de Cali, donde pronunció un segundo discurso ante cientos de uniformados, acompañado por cuatro tanques de guerra y dos helicópteros.
El nuevo presidente se vio obligado a celebrar su investidura entre un impresionante dispositivo de seguridad. La ciudad de Cali se blindó durante varios días con unos 11.000 militares y un sistema especial de vigilancia antidrones. "La ciudad está completamente blindada, ante el temor de un ataque. No pueden entrar ni salir vehículos, ya que la semana pasada se encontraron explosivos en una caminoneta aparcada en la ciudad", explicaba en antena el corresponsal de RFI en Cali, Rodrigo Sedano.
Un despliegue que muchos no solo lo vieron como un gesto de protección hacia De la Espriella, sino también como parte del mensaje del presidente en su lucha abierta contra los grupos armados.
"Reafirmo mi intención de derrotar sin tregua al narcoterrorismo y a todas las organizaciones criminales", declaró frente a los mandos militares. Su llegada a la Presidencia supone además un giro respecto al gobierno de Petro, el primer mandatario de izquierda en la historia reciente de Colombia, cuya estrategia de "paz total" buscó negociar con distintos grupos armados.
Un acercamiento renovado con Washington
A la ceremonia acudió una multitud de aliados de Abelardo de la Espriella, convirtiendo la investidura en una cumbre de la derecha latinoamericana. Entre los invitados se encontraba Javier Milei, Daniel Noboa y José Antonio Kast. También estuvo presente el fiscal general de Estados Unidos, al frente de la delegación enviada por Washington, así como el canciller de Israel y, para sorpresa de muchos, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
La presencia estadounidense fue especialmente significativa después de los frecuentes desencuentros entre Gustavo Petro y Donald Trump. De la Espriella prometió reconstruir la relación con Washington y fortalecer las alianzas con países que, según dijo, comparten los valores de la democracia.
El nuevo gobierno también anunció su intención de incorporarse al llamado Escudo de las Américas, una alianza internacional impulsada por Trump para combatir el crimen transnacional.
Al mismo tiempo que De la Espriella tomaba posesión, el Departamento de Estado estadounidense anunciaba que prevé destinar 1.000 millones de dólares en ayuda de seguridad al gobierno colombiano, abriendo así una nueva etapa de relaciones diplomáticas entre ambos países.
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