“Me escondí debajo del asiento e intenté sacar a mi hermano Mohamed. Lo logré, pero ya estaba muerto”, empieza contando Mustafa Bani Odeh, de 8 años, sobreviviente del tiroteo.
“Después de acabar con mi familia, se rieron de mí”
Mustafa se desmayó después dentro del coche, ante los cadáveres de sus padres y de sus dos hermanos menores: Mohamed, de cinco años, y Otmán, de seis y con parálisis corporal.
El primogénito Jaled era el único superviviente consciente, y se convirtió en blanco de las humillaciones y burlas de los soldados israelíes, que también le golpearon. “Empecé a gritar y rogar ayuda. Los soldados me dijeron que me callara. Me agarraron del pelo, me tiraron al suelo y me pegaron. Después de acabar con mi familia, se rieron de mí”, cuenta.
“Les dije que necesitábamos ir al baño. Abrieron las puertas del coche y nos hicieron pasar por un costado. Me hicieron ver el cuerpo de mi papá muerto”, añade el niño de 11 años.
“22 impactos de bala”
Había sido una noche feliz en familia. Algo poco frecuente, porque Alí, el padre, trabajaba ilegalmente en Israel y apenas podía cruzar de vuelta a Cisjordania. Era su primera noche de Ramadán los seis juntos.
Ya de vuelta en Tammun, al alba, su coche se topó con fuerzas especiales israelíes que efectuaban una redada. Sin advertencia ni preguntas, les dispararon decenas de balas.
El padre de Alí, Jaled Bani Odeh, dice no poder “creer que el Ejército los haya matado de esta manera, es algo anormal”. Ha perdido un hijo, una nuera y dos nietos, pero saca fuerzas para compartir lo que vio en el hospital: “Vi a los cuatro tendidos en el suelo. Por la intensidad de los disparos, conté en Waad, su mamá, hasta 22 impactos de bala, desde el pecho hasta la cabeza”, detalla.
El Gobierno israelí no se ha expresado ni las Fuerzas Armadas han anunciado medidas disciplinarias. Dicen que el coche “aceleró” y los soldados dispararon porque “se sintieron amenazados”. En la curva del tiroteo no se puede ir a más de 20 kilómetros por hora.
El abuelo de los pequeños subraya que el coche tenía las ventanillas bajadas, por lo que se podía ver que en el interior solo había una familia.
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