Con la corresponsal de RFI en Pekín, Clea Broadhurst
Las 11 personas, incluida la familia Ming, en el centro de un extenso sistema de estafas en línea, habían sido condenadas por fraude, secuestro, violencia y asesinato. Según el poder judicial chino, sus actividades causaron la muerte de 14 chinos y hubo muchos heridos.
Estos centros de estafa ahora están dirigiéndose a víctimas de todo el mundo, después de haber atacado inicialmente a usuarios chinos de internet. Detrás de las pantallas, hay una fuerza laboral mayormente extranjera, a veces voluntaria, pero a menudo atrapada, golpeada o torturada para defraudar mediante historias de amor falsas o inversiones falsas en criptomonedas.
Política de mano dura
Según el Tribunal Supremo de China, estas actividades generaron más de 10.000 millones de yuanes, o unos 1.400 millones de dólares, entre 2015 y 2023.
Estas ejecuciones forman parte de una ofensiva más amplia. Pekín, bajo la presión de una opinión pública exasperada, ahora quiere ascender a la cima de las pirámides criminales. La reciente extradición del magnate camboyano Chen Zhi, escenificada como trofeo, ilustra este punto de inflexión.
Un mensaje claro para la región: en China o en el extranjero, los barones del fraude cibernético ya no están fuera del alcance de la justicia china.
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