Con la corresponsal de RFI en Santiago, Naïla Derroisné
En 2024, Chile y Venezuela rompieron sus relaciones diplomáticas tras la negativa del presidente chileno Gabriel Boric a reconocer los resultados de las elecciones venezolanas, que daban como ganador a Nicolás Maduro. Boric había calificado las elecciones de “fraudulentas”, tachando además al régimen chavista de “dictadura”.
En represalia, el derrocado jefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro —capturado el 3 de enero de 2026 por Estados Unidos—, cerró la embajada de Venezuela en Santiago y retiró a todo su personal diplomático, dejando así a miles de venezolanos residentes en Chile sin acceso a los servicios consulares y sin posibilidad de regularizar su situación migratoria ante las autoridades chilenas.
“Una nueva etapa”
El nombramiento por parte del actual presidente chileno, José Antonio Kast, de un cónsul en Caracas, en la persona de Felipe Orellana, marca por lo tanto una nueva etapa en el acercamiento entre ambos países.
De hecho, el Gobierno de Kast ya había anunciado hace unas semanas la reanudación de los contactos con la presidenta interina Delcy Rodríguez. A finales de julio, el presidente chileno de extrema derecha había declarado, al anunciarse un acuerdo diplomático con Santiago: “Chile y Venezuela comienzan una nueva etapa que nos permitirá avanzar en desafíos comunes como la seguridad, la migración y el desarrollo económico”.
José Antonio Kast desea, sobre todo, poder discutir con ella la situación de los venezolanos indocumentados en Chile que se enfrentan a la obligación de abandonar el territorio. El presidente chileno había prometido durante su campaña expulsar a los más de 330.000 migrantes en situación irregular en el país, entre los que se encuentran numerosos venezolanos.
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