El rey Carlos III apeló al humor para subrayar la profundidad del vínculo transatlántico durante la cena de Estado ofrecida el martes por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. "Si no fuera por nosotros, ustedes hablarían francés", bromeó el monarca británico durante el brindis, arrancando sonrisas entre los invitados.
La ironía del rey respondía a recientes declaraciones de Trump, quien había asegurado que sin el apoyo estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial los europeos "hablarían alemán". Carlos aludió así a las rivalidades coloniales entre Francia y Gran Bretaña por el control de América del Norte antes de la independencia estadounidense. En enero, durante el Foro de Davos, Trump había llegado incluso a afirmar que Europa hablaría "alemán y algo de japonés" sin el respaldo militar de Washington.
Más allá de las bromas, el tono del encuentro buscó reafirmar la llamada "relación especial" entre Londres y Washington, en un contexto internacional marcado por las tensiones derivadas de los conflictos en Irán y Ucrania. Sobre este punto, Trump sostuvo ante Carlos III y otros invitados que Teherán había sido "vencido militarmente" y llegó a afirmar que el monarca coincidía plenamente con su valoración.
Desde Irán, sin embargo, el portavoz militar Amir Akraminia desmintió esa versión y aseguró que la República Islámica no considera que la guerra haya terminado, además de reiterar su desconfianza hacia Estados Unidos.
Durante su visita de Estado de cuatro días —la primera junto a Trump—, Carlos III evitó referirse explícitamente a la tensa relación entre el presidente estadounidense y el primer ministro británico, Keir Starmer. En cambio, insistió en el mensaje de unidad y continuidad histórica entre ambos países.
"Esta noche estamos aquí para renovar una alianza indispensable, que durante mucho tiempo ha sido una piedra angular de la prosperidad y la seguridad tanto de los ciudadanos británicos como de los estadounidenses", afirmó el monarca durante la cena.
Horas antes, en un discurso ante el Congreso recibido con entusiasmo, Carlos III había exhortado a Estados Unidos a mantenerse firme en sus alianzas occidentales. "Nuestra alianza no puede sostenerse únicamente en los logros del pasado", advirtió, al tiempo que llamó a Londres y Washington a enfrentar juntos desafíos que "son demasiado grandes para que una sola nación los soporte por sí sola".
El rey también instó a resistir las tentaciones del repliegue nacional y a defender los valores compartidos. Carlos III se convirtió así en el segundo soberano británico en dirigirse al Capitolio, después de su madre, la reina Isabel II, quien lo hizo en 1991.
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