La mayor selva tropical del mundo había atravesado una situación crítica en 2024, cuando 15,8 millones de hectáreas ardieron en medio de una sequía histórica que favoreció la expansión del fuego, iniciado por actividades humanas en la mayoría de casos.
El Informe Anual del Fuego de MapBiomas muestra que el panorama se revirtió el año pasado, cuando la Amazonía registró 3,1 millones de hectáreas quemadas, la menor área afectada desde que iniciaron los registros satelitales de esta red que agrupa universidades, oenegés y empresas tecnológicas.
Este resultado, inédito desde el inicio de los registros en 1985, es una buena noticia para el presidente izquierdista, Luiz Inácio Lula da Silva, a menos de tres meses de unos comicios en los que buscará su reelección.
En todo Brasil el balance también fue positivo: la superficie quemada fue la más baja desde 2018 (12,7 millones de hectáreas).
La preservación amazónica es clave en la lucha contra el cambio climático, ya que la vegetación absorbe gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global.
La caída de los incendios en la Amazonía estuvo "fuera de lo común" el año pasado, dijo en un encuentro con la prensa la geógrafa Ane Alencar, coordinadora del informe de MapBiomas.
Según la experta, un atraso del período lluvioso de 2024 para 2025 impidió que esta vez se creara una "ventana ideal para quemas en algunos lugares" donde el fuego se usa para limpiar tierras agrícolas. Además del factor climático, la caída de los incendios en 2025 se debió a una reducción significativa de la deforestación, lo que limitó las fuentes de ignición.
Además de la reducción de los fuegos, la Amazonía registró su menor tasa de deforestación de la última década durante el primer semestre de 2026, según datos oficiales. Esta tendencia decreciente se ha mantenido desde la asunción en 2023 del izquierdista Lula, quien prometió erradicar la deforestación ilegal para 2030.
Con AFP
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