La policía abrió una investigación antiterrorista sobre el primer incidente, en el que el martes temprano se lanzaron explosivos caseros contra una instalación en Jänschwalde (al este, cerca de la frontera con Polonia) que distribuye la electricidad procedente de una central a carbón.
En el segundo incidente, ocurrido en Bergheim, al oeste del país, unos autores desconocidos provocaron deliberadamente un cortocircuito en una subestación eléctrica del operador Amprion, al atacar cables aéreos.
Ninguno de los dos ataques, que no han sido reivindicados, provocó un corte de energía a gran escala, aunque sí se vio afectado el funcionamiento de centrales eléctricas vecinas.
En los últimos meses, Alemania ha enfrentado repetidos ataques contra su infraestructura energética, algunos de los cuales han sido reivindicados por activistas de extrema izquierda.
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Como principal aliada de Ucrania frente a la invasión rusa, también es blanco de actos de sabotaje que atribuye a Moscú, algo que el Kremlin niega categóricamente.
El incidente ocurrido en Bergheim es un “acto criminal. No se trató de un interruptor defectuoso, fue intencional”, afirmó el miércoles el ministro del Interior del estado regional de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul, y agregó que existía “una sospecha inicial de sabotaje dirigido contra el orden constitucional”.
Ataque contra “todos nosotros”
Los investigadores están analizando dos posibles hipótesis: “un sabotaje dirigido a distancia por un Estado extranjero” y un acto “de un extremista de izquierda”, agregó Reul durante una conferencia de prensa en Düsseldorf (oeste).
“Una subestación eléctrica es un centro neurálgico de nuestra vida cotidiana”, agregó.
Quien ataca un sitio así “ataca a nuestro país, a nuestra economía, a nuestro estilo de vida, a todos nosotros”, continuó.
Según él, las autoridades están investigando una posible conexión entre los dos incidentes, ocurridos el mismo día en Bergheim y en Jänschwalde.
Cerca de Jänschwalde (a 150 km de Berlín), se descubrieron varios artefactos explosivos el martes por la mañana en la subestación eléctrica de Preilack. Al menos uno de ellos había explotado, pero los demás no habían funcionado.
En este caso concreto, la policía del estado de Brandeburgo, en Potsdam, indicó que había abierto una investigación “por formación de una organización terrorista”, además de las sospechas de perturbación de los servicios públicos, de provocar una explosión con explosivos y de destrucción de equipos de trabajo esenciales.
En los últimos meses se han producido varios ataques que han provocado incendios en la región de Berlín, a menudo reivindicados por activistas de extrema izquierda.
El 3 de enero, el incendio intencional de una instalación eléctrica reivindicado por el grupo “Vulkangruppe” (“el grupo Volcán”) dejó a más de 100.000 personas a oscuras en Berlín.
Este grupo de extrema izquierda ya se había atribuido una docena de ataques desde 2011, entre ellos uno en marzo de 2024 dirigido contra una fábrica de Tesla cerca de la capital alemana, donde se incendiaron las líneas eléctricas que alimentaban el sitio.
Las autoridades nunca han identificado a los autores de estas acciones, ni a sus cómplices ni a los miembros del grupúsculo.
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