El Ministerio de Educación y otros edificios del Gobierno han sido asaltados. Se han utilizado gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes. En Tirana se han producido escenas de disturbios.
La protesta —inicialmente contra la corrupción— se ha convertido en una ola antisistema, a la que se han sumado los estudiantes de todo el país. “El movimiento actual es conmovedor porque, por primera vez, no se trata de un movimiento controlado por los partidos políticos, sino de un movimiento ciudadano que, por otra parte, está en contra de los partidos políticos tradicionales, pero sobre todo contra el Gobierno actual”, señala Ermal Hasimja, politólogo albanés.
Más de cuatro meses de protestas y un primer ministro inflexible, a pesar de los llamamientos a la dimisión. Pero, para Ermal Hasimja, Edi Rama está acorralado. “La gente no se conformará con nada menos que su dimisión”, subraya. “Así que la situación es bastante delicada, bastante complicada. No se puede resolver con un simple diálogo o con unas cuantas golosinas que el Gobierno vaya repartiendo por ahí”.
Manifestantes decididos a volver a la calle
Los partidos de la oposición se mantienen al margen de este movimiento ciudadano y apolítico. Es algo inédito desde la independencia de Albania y los manifestantes con los que hemos podido contactar están decididos a volver a la calle, todo el tiempo que sea necesario. Bislim Lakna es uno de los manifestantes de la primera hora. Este profesor de filosofía es militante del “movimiento juntos”, a la vanguardia de la protesta.
“Llevamos 134 días llamando a la puerta del poder, sin que nadie nos abra”, explica Bislim Lakna. “Así que ahora la estamos derribando. Por lo tanto, nadie puede quejarse de la violencia, ya que hemos llamado a esa puerta en numerosas ocasiones. Como nadie ha respondido, nos vemos obligados a entrar por la fuerza”.
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