Por la corresponsal de RFI en Estados Unidos
El Centro Presidencial Obama estará abierto al público a partir del jueves 18 de junio. Aunque se trata de la biblioteca presidencial del expresidente del mismo nombre, no es realmente una biblioteca en sentido estricto, sino más bien un museo.
Este edificio es un nuevo hito de una tradición estadounidense muy arraigada. Bill Clinton, George Bush o incluso Ronald Reagan han construido su propio museo/biblioteca que narra en parte su vida y su mandato. Es incluso una práctica regulada por una ley aprobada por el Congreso en 1955. Y ya se sabe que Donald Trump, por ejemplo, quiere construir el suyo en Miami, Florida.
Pero, aunque el centro abre este jueves, ya lleva meses dando mucho de qué hablar. El Centro Obama ha costado 850 millones de dólares, un presupuesto muy elevado para un lugar que, según el equipo de Obama, pretende ser un espacio de memoria, pero también un espacio comunitario. Es "un refugio de esperanza", explica el sitio web de la Fundación Obama. De hecho, la palabra "Hope" ("Esperanza2, en inglés) está escrita en letras grandes en la entrada del centro.
"El Obamalisco"
La institución se extiende a lo largo de casi ocho hectáreas en el terreno que albergó la Exposición Universal de 1893. Allí se encuentra una sucursal de la Biblioteca Pública de Chicago, un parque muy grande, canchas de baloncesto, un auditorio y, sobre todo, la pieza central: el museo dedicado a la vida y la obra de Barack Obama. Una torre de granito gris, de 69 metros de altura, a la que algunos ya apodan "el Obamalisco" y que otros comparan con las naves de la saga Star Wars.
Los visitantes pueden descubrir o redescubrir archivos escritos, fotos, videos e incluso regalos que recibió el expresidente durante su mandato. También pueden ver una reproducción del Despacho Oval de la época de Barack Obama en la Casa Blanca, antes de que Donald Trump le agregara su llamativa decoración dorada.
Y, por cierto, Donald Trump no dejó de criticar el centro presidencial de Obama, y con palabras muy directas. Comparó el centro con un "basurero". El republicano nunca ha ocultado su desprecio hacia el demócrata.
Dicho esto, es cierto que la arquitectura de la torre suscita reacciones encontradas. El New York Times, por ejemplo, considera que es fría y disuasiva; el Washington Post habla de una "brecha temporal"; y The Guardian la compara con "una amenazante prisión de ciencia ficción".
Y no es solo la arquitectura la que suscita críticas. La propia construcción del centro en un terreno público junto a barrios populares ha dado lugar a numerosos procedimientos judiciales para bloquear el proyecto. Porque, aunque Barack Obama asegura que el objetivo de su centro es crear un espacio para todos, la realidad es que, desde el anuncio de este proyecto, los precios de los inmuebles en el barrio se han disparado y la construcción de viviendas de lujo se ha acelerado. Sin mencionar que la entrada al museo de Obama cuesta nada menos que 30 dólares.
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