En un mundo donde los algoritmos procesan millones de datos en segundos y los chatbots redactan informes ejecutivos, Daniela Cantoli se hace esta pregunta: ¿Quién decide, en última instancia? La directora de Cantoli HR Consulting lleva años estudiando el vínculo entre liderazgo y tecnología, y tiene una respuesta clara: la decisión final —la de una fusión, un joint venture, una compra millonaria— seguirá siendo humana. A eso lo llama coraje estratégico.
"Es la capacidad del líder para desafiar al status quo y a la propia IA, y asumir la responsabilidad total de las decisiones", define. No se trata de ignorar la tecnología ni de temerle, sino de no rendirse ante ella. "Implica recuperar la soberanía sobre lo que decidimos, con originalidad y criterio propio".
La mirada que vale millones
Para ilustrar el concepto, Cantoli recurre a una historia que parece sacada de un manual de innovación, pero que ocurrió en un frigorífico. Un gerente general detectó valor donde todos veían desperdicio: la tráquea, ciertos huesos, piezas que el resto descartaba sin pensarlo. En lugar de tirarlas, creó una línea de snacks premium para mascotas. Hoy ese producto es uno de los más exitosos de la empresa, montado sobre un mercado que explotó tras la pandemia.
"La innovación no estuvo en la maquinaria ni en la escala, sino en la mirada", subraya Cantoli. "En la capacidad de correrse de la operación automática para detectar valor donde el resto veía un residuo". Esa es, en su visión, la diferencia entre un ejecutivo que administra y un líder que transforma.
El tiempo de pensar
El problema, dice, es estructural. Los líderes están tan hundidos en la operación diaria que pierden la capacidad de innovar. Responden correos, aprueban presupuestos, apagan incendios. Y mientras tanto, el horizonte se les escapa.
Ahí es donde la inteligencia artificial debería entrar, no como amenaza sino como alivio. "La IA debe estar al servicio del ejecutivo para realizar la tarea operativa, permitiéndole ocuparse de cosas nuevas y distintas", plantea. Delegar lo robótico para recuperar el tiempo de pensar: esa es la transición que Cantoli considera urgente.
Una transición que, además, es especialmente relevante en economías como la dominicana. Con un crecimiento proyectado del 4,5% para 2026 según el FMI, República Dominicana exige líderes que no solo se adapten a los cambios, sino que se anticipen a ellos.
Diversidad como antídoto al sesgo
Pero hay una condición para que todo esto funcione: la diversidad. Y Cantoli es tajante al respecto. Si quienes programan y utilizan las herramientas de IA no tienen una mirada diversa, las máquinas simplemente amplificarán los prejuicios que ya existen en la vida real.
Uno de los más persistentes es el etarismo. La creencia de que una persona de más de 50 o 60 años no puede adaptarse a las nuevas tecnologías sigue circulando en muchas organizaciones, pese a que los datos la contradicen. Según un estudio de la Society for Human Resource Management, el 88% de los profesionales de Recursos Humanos encuestados afirmó que los trabajadores mayores de 55 años tienen un mejor rendimiento que otros talentos.
"La diversidad debe ser abordada con honestidad: no se trata de sumar personas por cumplir un cupo, sino de integrar visiones distintas que desafíen la 'verdad' de la IA", advierte.
"Si aceptamos ciegamente todo lo que un chatbot nos dice sin pasarlo por el tamiz de la diversidad de experiencias, estamos renunciando a nuestra capacidad de pensar y liderar".
Arquitectos de la innovación
El liderazgo del futuro, en la visión de Cantoli, no pasa por acumular conocimiento técnico. Pasa por evolucionar hacia un rol de arquitecto de la innovación: alguien con la curiosidad suficiente para ver una oportunidad donde otros ven basura, y con el coraje de apostar por ella.
"La IA es un soporte, una red que nos permite ser más eficientes, pero nunca debe ser el reemplazo del sentido crítico", concluye. El coraje estratégico, en definitiva, es eso: animarse a mirar lo que los demás no ven y asumir la responsabilidad total de ir hacia un horizonte desconocido. En un mundo que cambia más rápido que cualquier algoritmo, esa sigue siendo una capacidad irreemplazablemente humana.
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