¿Es posible que Kevin Warsh resulte ser el banquero central que EEUU y el mundo necesitan? Tras su discurso en el Simposio de Jackson Hole, me siento menos pesimista que antes con respecto a esa posibilidad. Nos esperan decisiones difíciles, tanto desde el punto de vista intelectual como político. Pero su discurso, "En nuestra época", fue claro y sensato: claro en cuanto a los objetivos de la política monetaria y sensato en cuanto a cómo debería actuar la Reserva Federal (Fed). Esto es alentador. También podría resultar de gran importancia en el futuro.
Como ya he señalado anteriormente, Warsh ha sido una figura confusa. En el pasado, él se ha presentado como un defensor acérrimo de la lucha contra la inflación, sobre todo con su extremadamente prematura preocupación por los peligros — especialmente para la inflación — de las políticas monetarias adoptadas tras la crisis financiera mundial. De hecho, él ya había expresado esta preocupación en marzo de 2010. Más recientemente, sin embargo, y antes de que Donald Trump lo nombrara presidente de la Fed, Warsh parecía estar cediendo ante la presión política para mostrarse optimista sobre las perspectivas de productividad e inflación. El temor era que él fuera una veleta política, cuyas opiniones económicas dependieran de quién estuviera en el poder.
Sin embargo, desde que Warsh asumió la presidencia, las cosas han mejorado ligeramente. Es cierto que, como señaló mi colega Chris Giles el 11 de agosto, Warsh en gran medida no ha logrado abordar de manera sustantiva el estado de la economía estadounidense. No obstante, la Fed bajo su liderazgo también ha anunciado la creación de cinco grupos de trabajo — todos ellos bajo figuras de reconocido prestigio — para evaluar sus comunicaciones, la gestión de su balance, los datos que utiliza, las perspectivas de productividad y sus marcos de política. Yo espero que ésta haya sido una forma inteligente de ganar credibilidad para las batallas que se avecinan.
Ahora llega este discurso de Jackson Hole, el cual contaba con tres secciones principales: una reflexión sobre las implicaciones de la inteligencia artificial (IA) para la economía; una crítica a la orientación futura; y una reafirmación de los objetivos fundamentales de la Fed. Todas son importantes.
La necesidad de evaluar las implicaciones de la IA para la economía y, por lo tanto, para la conducción de la política monetaria, es claramente vital. Lo más importante en este sentido es comprender la magnitud y la naturaleza de la incertidumbre.
La incertidumbre es, además, evidentemente el mayor problema de la orientación futura. No se trata sólo de que no sepamos con certeza cómo afectará la política monetaria a la economía (aunque es cierto que no lo sabemos). El problema va mucho más allá. Tal como argumentaron John Kay y Mervyn King en su espléndido libro "Incertidumbre radical", hay muchas cosas que desconocemos. Nadie puede observar nuestros sistemas financieros y monetarios, la política nacional e internacional, el cambio climático, la aparición repentina de la pandemia de COVID-19 y los cambios tecnológicos de las últimas décadas sin darse cuenta de cuánta incertidumbre existe. La orientación futura está bien si nada cambia mucho. Pero luego cambia… una y otra y otra vez.
Como dijo Warsh, la orientación futura se introdujo como una práctica habitual después de la crisis financiera. Esto era justificable cuando existía una única preocupación abrumadora que, previsiblemente, iba a durar mucho tiempo, como de hecho sucedió. Sin embargo, vale la pena señalar cuán inútil había sido esa forma de "orientación futura" justo antes de la crisis, cuando desesperadamente se necesitaba precisión. Bernanke, un economista altamente calificado, declaró en marzo de 2007 que "En esta coyuntura… parece probable que el impacto de los problemas en el mercado de préstamos hipotecarios de alto riesgo sobre la economía en general y sobre los mercados financieros sea limitado". La declaración parecía razonable en aquel momento. Pero estaba totalmente equivocada.
Otra área en la que creo que se ha demostrado que la economía convencional es engañosa es, como señaló Warsh en su discurso, al decidir que la cantidad de dinero es irrelevante. El aumento del nivel de precios tras la pandemia, después de la enorme expansión monetaria del año 2000, es, como he argumentado anteriormente, una señal de que esta visión es bastante errónea.
La cuestión es, entonces, la incertidumbre generalizada acerca de la economía. Una economía no es una máquina que pueda ser manipulada por sabios tecnócratas según reglas predecibles. Además, la orientación futura crea un "laberinto de espejos": el banco central no ve en los mercados juicios independientes, sino un reflejo de sus propias declaraciones, ya que los participantes pasan de invertir según su propio criterio a seguir las previsiones de la Fed sobre lo que hará. Incluso proporcionar una función de reacción va más allá de lo que los legisladores son capaces de hacer, sobre todo cuando se producen grandes choques.
Esto no es una receta para la inacción. Al contrario, tal como lo señala Warsh, existen algunos principios clave. Entre ellos se incluyen contar con datos precisos y actualizados; ser conscientes de que una inflación baja es una condición necesaria para un bajo desempleo; confiar en las de tasas de interés a corto plazo como la principal herramienta de política monetaria; y, sobre todo, como él mismo dice, que "el objetivo de estabilidad de precios de la Fed del 2 por ciento… es una meta firme y fija". Es fundamental cumplir con el objetivo. La mejor manera de hacerlo es demostrar por qué el banco central considera que su política de tasas de interés es la adecuada para alcanzar su objetivo, dada su interpretación de la economía en cada momento.
Esto no es lo que cree el presidente estadounidense. El 4 de septiembre de 2026, en Truth Social, Trump ordenó: "BAJEN LA TASA [de interés] O DEJARÉ DE COMERCIAR CON LOS PAÍSES CON LOS QUE TENEMOS UN DÉFICIT". No hace falta analizar la (i)lógica económica en este caso. Lo importante es su convicción de que "UN PAÍS FUERTE SIGNIFICA UNA TASA DE INTERÉS MÁS BAJA: ES UN MEJOR CRÉDITO… ¡Es muy sencillo!". La inflación, en la mente de Trump, es totalmente irrelevante.
Eso no debe ser cierto en el caso de Warsh. Él debe cumplir con su objetivo, a pesar de los elevados déficits fiscales y la deuda; de unas tasas de interés reales y nominales estructuralmente más altas que en la década de 2010; y de los cambios tecnológicos. Para ello, él deberá mostrar la mayor claridad posible en cuanto a la economía. Pero, sin duda, el requisito más importante es la valentía: Warsh debe esforzarse por cumplir con el deber de la Fed y, así, lograr una inflación baja, independientemente de las presiones políticas a las que se enfrente.
Martin Wolf. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
Compartir esta nota