Vivir en las inmediaciones de un gran estadio de fútbol, como el Santiago Bernabéu, puede parecer un privilegio, casi diríamos que lo es. Se trata de una de las zonas premium y mejor comunicadas de Madrid, con una amplia oferta comercial, excelentes servicios y un elevado valor inmobiliario. Sin embargo, para quienes residen allí, la realidad cotidiana resulta bastante más compleja.
Los días de partido, el barrio cambia por completo. Miles de personas ocupan las calles, se incrementa el tráfico, aparecen cortes de circulación y encontrar aparcamiento se convierte en una tarea casi imposible para locales y visitantes. A ello se suman el ruido, las aglomeraciones, la suciedad y determinadas conductas incívicas. Lo que para el visitante es una celebración que dura unas horas, para el vecino puede significar una alteración constante de su movilidad, su descanso y su vida familiar.
La transformación del estadio en un recinto capaz de albergar conciertos y grandes acontecimientos durante buena parte del año amplía todavía más este problema. Ya no se trata únicamente de soportar los encuentros de fútbol, sino de convivir con pruebas de sonido, montaje y desmontaje de escenarios, circulación de vehículos pesados y concentraciones multitudinarias; eso, por suerte, parece que lo han limitado.
También debe señalarse que los beneficios económicos no se distribuyen de forma equilibrada. Los establecimientos comerciales, los restaurantes, los hoteles, los propietarios de viviendas destinadas al alquiler y, evidentemente, el propio club pueden obtener importantes rendimientos. El vecino que únicamente desea vivir en su casa, en cambio, recibe buena parte de las molestias sin participar directamente de esos beneficios.
Pero sería injusto presentar solamente la cara negativa. La presencia del Bernabéu proporciona a la zona una visibilidad internacional extraordinaria y contribuye a mantener una elevada demanda inmobiliaria. Las viviendas situadas en su entorno forman parte de un área que ya era de clase alta, pero cuya centralidad, actividad económica y reconocimiento se han reforzado todavía más. Para un propietario, especialmente si pretende vender o alquilar, esta situación puede representar una ventaja económica muy considerable.
Nos encontramos, por tanto, ante una contradicción urbana evidente: aquello que incomoda al residente es también uno de los factores que incrementa el valor de su propiedad. El estadio genera ruido, congestión y pérdida de tranquilidad, pero al mismo tiempo atrae inversión, mejora la proyección del barrio y sostiene precios inmobiliarios muy elevados.
La cuestión no consiste en elegir entre el estadio y los vecinos, sino en establecer límites razonables. El beneficio económico y la proyección internacional no pueden justificar cualquier nivel de molestia ni la ocupación permanente del espacio público. Vivir junto al Bernabéu puede ser un privilegio patrimonial, pero no debería convertirse en una condena cotidiana. Una ciudad equilibrada debe ser capaz de compatibilizar sus grandes símbolos con el derecho elemental de sus habitantes al descanso, la movilidad y una calidad de vida digna.
El autor, es madridista.
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